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sobre Quintana de la Serena
Conocida como la Ciudad del Granito; importante industria cantera y yacimiento arqueológico de Hijovejo
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El turismo en Quintana de la Serena se entiende mejor si se empieza por la piedra. En esta parte de La Serena, al noreste de la provincia de Badajoz, el paisaje es una llanura amplia donde casi todo parece quedar a la misma altura… hasta que aparecen las canteras. El granito forma parte de la vida diaria del pueblo desde hace generaciones. No es un detalle del paisaje: es la razón por la que Quintana creció y por la que todavía hoy mantiene buena parte de su actividad.
A primera hora de la mañana no es raro oír movimiento en la línea de tren o en los accesos a las canteras. El granito sale de aquí en bloques que después aparecen en obras y edificios de muchos lugares del país. Es una industria muy visible: camiones, sierras de corte, talleres de labra. En Quintana la piedra no es una herencia del pasado, sigue siendo presente.
La piedra que dio forma al pueblo
La Serena es una de las grandes llanuras de Extremadura. El terreno es abierto, con pendientes suaves y pocos accidentes. En medio de esa horizontalidad, Quintana aparece como un pequeño núcleo compacto de calles rectas y casas bajas, muchas de ellas construidas con el mismo material que se extrae a pocos kilómetros.
El topónimo “Serena” suele relacionarse con la palabra árabe que designaba estas llanuras. Durante siglos la economía de la zona combinó ganadería, agricultura y aprovechamiento de la piedra. Con el tiempo, la explotación del granito fue ganando peso y acabó marcando el carácter del municipio.
Históricamente, Quintana estuvo vinculada a la Orden de Alcántara, que organizó gran parte del territorio tras la conquista cristiana. La localidad dependió administrativamente de Campanario durante siglos hasta obtener su propia jurisdicción a finales del siglo XVI. Para entonces la actividad de canteros y pedreros ya estaba asentada en la zona.
Aún hoy algunas calles conservan una anchura poco habitual en pueblos de tamaño parecido, pensada para el tránsito de carros y animales cargados con bloques o herramientas. Son detalles que se entienden mejor sabiendo que aquí la piedra ha sido siempre un oficio.
El Museo del Granito y el oficio de cantero
En el centro del pueblo se encuentra la antigua Casa de la Posada, un edificio que suele situarse en el siglo XVI y que estuvo ligado a la administración local. Hoy alberga el Museo del Granito.
No es un museo grande ni especialmente tecnológico. Su interés está más bien en lo que cuenta sobre el oficio: herramientas de cantería, distintos tipos de acabado en la piedra, piezas talladas que muestran cómo se trabaja el material antes de llegar a la obra final.
Gran parte de los utensilios expuestos no pertenecen a un pasado lejano. Muchos canteros de la zona siguen usando herramientas muy parecidas, combinadas con maquinaria moderna. Esa continuidad explica bastante bien la relación del pueblo con el granito: no es una tradición que se recuerde, es un trabajo que todavía se ve.
Las canteras alrededor de Quintana
Los alrededores del municipio están salpicados de explotaciones de granito. Algunas llevan décadas en funcionamiento y otras son más recientes. Desde ciertos puntos elevados de los caminos que rodean el pueblo se distinguen los grandes cortes en la roca, como si el terreno se hubiera abierto en escalones.
En varias zonas pueden verse antiguas áreas de extracción a cielo abierto junto a instalaciones actuales. La diferencia entre unas y otras ayuda a entender cómo ha cambiado el oficio: de los trabajos casi manuales a los grandes cortes con maquinaria industrial.
Si se recorren los caminos rurales que salen del casco urbano es frecuente encontrarse con estos paisajes de cantera. Conviene hacerlo con precaución y respetando siempre las zonas de trabajo.
El queso de la Serena y la dehesa
La piedra convive aquí con otro paisaje muy distinto: la dehesa. En buena parte de La Serena los encinares aparecen más abiertos que en otras zonas de Extremadura, con árboles separados y amplias superficies de pasto.
En ese entorno se crían las ovejas merinas cuya leche se utiliza para elaborar el conocido queso de la Serena. Es un queso de pasta blanda, elaborado tradicionalmente con cuajo vegetal, que necesita varias semanas de maduración. Cuando está bien curado el interior se vuelve cremoso y el sabor resulta intenso, muy ligado al pasto de la zona.
No es raro que en el propio pueblo o en los alrededores haya pequeños productores que siguen elaborándolo de forma artesanal. Más que una actividad pensada para el visitante, forma parte de la economía local desde hace generaciones.
El yacimiento de Hijovejo
A poca distancia del casco urbano se encuentra el yacimiento arqueológico de Hijovejo. Se sitúa en una pequeña elevación que rompe la uniformidad del terreno y desde la que se domina buena parte de la llanura.
Las excavaciones han identificado restos de un asentamiento fortificado que se remonta a épocas prerromanas, con ocupación posterior en época romana. Lo que hoy se aprecia son tramos de muralla, estructuras defensivas y parte de la organización del poblado.
Más allá de los restos, el lugar ayuda a entender por qué alguien decidió asentarse aquí: control visual del territorio, acceso a recursos y una posición elevada poco común en esta zona tan llana.
Cómo acercarse a Quintana de la Serena
Quintana de la Serena se encuentra en la comarca de La Serena, al este de la provincia de Badajoz. La forma más sencilla de llegar es por carretera desde localidades cercanas como Don Benito, Villanueva de la Serena o Castuera.
El pueblo se recorre sin dificultad a pie y suele ser fácil aparcar en las calles cercanas al centro. Si se quiere explorar las canteras o los caminos de alrededor, conviene llevar calzado cerrado y tener en cuenta que son zonas de trabajo donde puede haber maquinaria.
La visita puede hacerse en cualquier época del año. En verano el calor aprieta en las horas centrales del día, algo habitual en esta parte de Extremadura, así que merece la pena salir temprano o esperar al atardecer para moverse por los alrededores. En invierno la llanura suele amanecer cubierta de niebla, y el paisaje cambia por completo.