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sobre Castilblanco
Situado en la Reserva de la Biosfera de la Siberia; destaca por su entorno natural de montes y el Castro del Cerro de la Barca
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Si vienes a hacer turismo en Castilblanco, no compliques mucho la llegada. El coche se suele dejar por el centro, cerca de la calle Mayor o en el cruce con Pino y Jarilla. El pueblo se recorre rápido. En veinte minutos has cruzado casi todo el casco. No hay cuestas duras, pero en verano el calor aprieta y conviene moverse temprano o al caer la tarde.
Castilblanco es un pueblo pequeño de La Siberia extremeña. Tranquilo. Aquí no hay grandes monumentos ni un casco histórico especialmente cuidado. Se viene más por el entorno y por dar una vuelta sin prisa.
El cerro del castillo
Lo que más llama la atención está en el cerro que queda a un lado del pueblo. Allí quedan restos del castillo. Son ruinas, no esperes una visita organizada ni paneles explicativos. Aun así, la subida merece el rato.
Desde abajo no se tarda más de quince minutos. El camino es corto pero abierto al sol. Si hace calor, se nota. Arriba quedan muros sueltos y poco más, pero las vistas se abren hacia la dehesa y el paisaje de alrededor.
No es un sitio para pasar horas. Subes, miras el entorno y bajas.
Iglesia y calles del centro
La iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Remedios queda cerca del centro. Es un edificio sobrio, levantado en el siglo XVI según se suele indicar en la zona. Sin grandes adornos. Cumple su papel dentro del pueblo.
Alrededor verás calles tranquilas y casas bajas. Nada especialmente llamativo, pero sí el ambiente típico de un municipio pequeño donde todavía se vive a ritmo lento. Cerca está la fuente que muchos conocen como la fuente nueva, junto a la iglesia.
Campo abierto y la garganta
Al salir del casco urbano empiezan las dehesas. Encinas, alcornoques y pistas de tierra que usan sobre todo agricultores y ganaderos. No hay rutas muy señalizadas. Si quieres caminar más de media hora, conviene llevar el recorrido visto antes en el móvil o en un mapa.
La Garganta de Castilblanco forma un pequeño valle con rocas y algunas pozas. Después de lluvias se ve más movimiento de agua. No es un paraje espectacular, pero sirve para un paseo corto si te gusta andar por el campo sin demasiada dificultad.
Por los alrededores se ven aves habituales de la zona: perdices, pitos reales o cucos en primavera. No hay miradores ni instalaciones para observar fauna. Quien esté acostumbrado al campo las verá sin buscar demasiado.
Fiestas y comida
Las celebraciones del pueblo siguen un calendario muy ligado a la iglesia y a las reuniones vecinales. En agosto se celebran las fiestas patronales dedicadas a Nuestra Señora de los Remedios. Hay procesiones, actividades en la plaza y bastante movimiento esos días.
También es común que en primavera la gente salga hacia ermitas cercanas o zonas de campo para pasar el día. Comidas al aire libre, familias reunidas y poco más. Un plan muy de pueblo.
En las casas se cocina lo de siempre en esta parte de Extremadura. Embutidos de cerdo ibérico, guisos contundentes y setas cuando la temporada viene buena. Comida sencilla y de raciones generosas.
Cuándo venir y último consejo
Primavera y otoño suelen ser los meses más llevaderos para caminar por aquí. El campo está algo más verde y el calor no aprieta tanto. En verano las horas centrales se hacen duras y muchos caminos quedan completamente al sol.
Si llueve fuerte, algunas pistas de tierra se llenan de barro y caminar se complica. Lleva calzado decente si piensas salir del pueblo.
Mi consejo es simple. Ven con expectativas bajas. Da un paseo por el centro, sube al cerro del castillo y sal un rato a la dehesa. Con eso ya habrás visto casi todo Castilblanco. Y tampoco hace falta más.