Artículo completo
sobre Helechosa de los Montes
En plena Reserva de la Biosfera de la Siberia; destaca por su entorno de caza mayor y el embalse de Cijara
Ocultar artículo Leer artículo completo
Helechosa de los Montes queda lejos de casi todo. Está en la comarca de La Siberia, entre el Guadiana y el Estena. Llegas por la EX‑118. Antes de ver casas aparece la depuradora y algún cartel de caza. La historia reciente es la de muchos pueblos de la zona: más gente hace décadas, menos ahora.
Aparcar
Aparcar no tiene misterio. El casco es pequeño y no hay zona azul ni nada parecido. Cualquier calle lateral suele servir.
Si coincide alguna fiesta de verano, conviene dejar el coche antes del puente y entrar andando. El resto del año puedes acercarte hasta la plaza sin problemas.
Un aviso práctico: la gasolinera más cercana queda bastante lejos. Mejor no llegar con el depósito justo.
Lo que hay en el pueblo
La iglesia de Nuestra Señora de Altagracia domina el centro. Campanario de ladrillo visto y un retablo barroco que, según cuentan aquí, se salvó durante la guerra porque lo cubrieron con cal.
La plaza tiene una fuente, el rollo de justicia y bancos de piedra. Las fachadas llaman la atención por los esgrafiados que imitan ladrillo: líneas rojizas sobre el yeso blanco. Es curioso verlo de cerca, aunque el paseo se hace rápido. En veinte minutos has dado la vuelta al casco.
En la plaza suele haber un bar abierto. Nada raro: café, cerveza, bocadillos. En las casas se siguen preparando platos de la zona cuando hay reuniones o fiestas, sobre todo caldereta y migas. También aparece a veces alguien vendiendo miel de la sierra o queso de oveja. Es lo normal en pueblos de dehesa.
Caminar por los alrededores
Desde el cementerio sale un camino que baja hacia el Estena. Sube primero con calma y luego desciende hasta el río. No es largo y se hace sin problema si llevas agua. Cerca quedan restos de un acueducto antiguo y algunas ruinas que los vecinos discuten si fueron castro o simple corral.
Otra opción es seguir la carretera de servicio de la presa del Cíjara. Es asfalto y la usan guardas y pescadores. El paisaje es abierto. A veces se ven buitres y, si el día está tranquilo, ciervos cerca de la orilla. Hay zonas restringidas junto a la presa; conviene respetar las señales.
El Estena forma algunas pozas antes de entrar en el embalse. En verano se acerca gente a bañarse. El agua es fría y el fondo tiene barro.
Fiestas del pueblo
El calendario festivo es el típico de la zona. En invierno se celebra San Blas con hoguera y reparto de comida en la plaza. En primavera hay romería hasta una ermita cercana; muchos van en tractor o remolque.
Durante el Corpus aparecen los llamados diablucos, con caretas sencillas, corriendo por la calle y repartiendo altramuces. Dura poco y luego llega la procesión.
En agosto el pueblo se llena más de lo habitual. Regresa gente que vive fuera y se organizan comidas populares y verbenas.
Consejo directo
Ven con calma o no vengas. Aquí no hay monumentos grandes ni un casco histórico que te tenga ocupado horas.
Si te apetece parar, da un paseo por la plaza, baja un rato al Estena y mira el embalse desde alguno de los altos. Mejor en otoño o invierno, cuando la dehesa huele a encina húmeda y hay menos movimiento.
Si buscas un sitio muy fotografiado, sigue carretera. Helechosa es otra cosa: un pueblo pequeño que sigue viviendo a su ritmo.