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sobre Herrera del Duque
Capital histórica de la Siberia Extremeña; posee un castillo templario
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Herrera del Duque se entiende mejor mirando el mapa que el cartel de entrada. Está en La Siberia extremeña, al noreste de Badajoz, pero muy cerca ya de Castilla‑La Mancha. Durante siglos fue territorio de paso entre la Meseta y el valle del Guadiana, y esa condición de frontera explica buena parte de su forma: el castillo dominando el cerro, la iglesia con aspecto robusto y un caserío que se extiende en torno a la plaza.
La lógica de la frontera
El castillo que vigila el pueblo tiene origen almohade, probablemente del siglo XII, aunque lo que se ve hoy responde a reformas posteriores. Tras la conquista cristiana pasó a manos de los Sotomayor, que reconstruyeron la fortaleza a comienzos del siglo XV cuando recibieron el señorío. La planta poligonal y los muros altos responden a una idea muy simple: controlar el territorio. Desde arriba se alcanza a ver una extensión amplia de dehesa y sierras bajas que hoy pertenece a varias provincias.
La iglesia de San Juan Bautista sigue esa misma lógica defensiva. Sus contrafuertes cilíndricos le dan un aspecto casi militar. El interior es más sobrio de lo que cabría esperar: gran parte del patrimonio desapareció en 1936 y lo que hoy se ve es resultado de reposiciones posteriores. Sí se conserva una custodia procesional de plata bastante conocida en la zona, que sale en las celebraciones de la Virgen de la Consolación.
La devoción a esta imagen está ligada a una tradición local: se cuenta que apareció en un alcornoque en el siglo XV, en el lugar donde hoy se levanta la ermita. Cada septiembre el camino hasta allí se llena de vecinos que suben andando.
El agua que mueve el territorio
Hacia el norte del término municipal la dehesa termina en el embalse de García Sola. Este gran pantano del Guadiana cambió el paisaje en el siglo XX y también la economía de la zona.
La pedanía de Peloche queda junto al agua. Es un pequeño núcleo de calles empinadas y casas bajas que nació en buena medida ligado al embalse y a la pesca. Allí todavía se oye hablar del escarapuche, un guiso sencillo que se prepara con pescado del pantano —sobre todo boga o barbo—, pimentón, ajo y laurel. Es comida de invierno, de las que piden pan y cuchara.
En los meses fríos también aparece la caldereta de cordero, muy extendida en toda esta parte de Extremadura. No es raro encontrar en la receta ajos tiernos y pimentón de la Vera, un ingrediente que aquí siempre ha estado cerca.
En el término municipal hay además una planta embotelladora de agua mineral que emplea a parte de la población. Es una presencia habitual en la conversación del pueblo: trabajo estable, pero también la sensación de que el recurso principal de la zona —el agua— viaja después muy lejos.
Cuatro caminos, una plaza
La Plaza Mayor concentra buena parte de la vida diaria. No es especialmente grande, pero en torno a ella están el ayuntamiento, la fuente de piedra oscura que suele aparecer en las fotos del pueblo y varios edificios de distintas épocas.
Desde aquí salen varios recorridos sencillos para entender el lugar. Uno de ellos sube hasta el castillo y pasa por algunas casas antiguas con escudos de armas que recuerdan a los linajes que tuvieron peso en la zona. Otro baja hacia el entorno del embalse y termina cerca de los cortados donde es fácil ver buitres leonados aprovechando las corrientes.
El camino que conduce a la ermita de la Consolación es quizá el más conocido entre los vecinos. Hoy está asfaltado en parte, pero durante mucho tiempo fue una vereda de herradura utilizada por arrieros que cruzaban la sierra rumbo a La Mancha.
El tiempo de la Siberia
El calendario festivo de Herrera del Duque es el de muchos pueblos del interior, con celebraciones que siguen dependiendo mucho de la participación de los propios vecinos.
En febrero llegan los carnavales, con comparsas y disfraces que suelen prepararse en casa. En mayo se levantan cruces adornadas con flores que las mujeres del pueblo llevan días preparando. La Semana Santa es sobria: procesiones pequeñas, pasos llevados por vecinos y el sonido del tambor en las calles más estrechas del centro.
Las fiestas principales se celebran a comienzos de agosto. Es cuando vuelve mucha gente que vive fuera y el pueblo cambia de ritmo durante unos días. Hay actividades en la plaza, música por la noche y encierros que atraen a vecinos de otros municipios cercanos.
Cómo llegar y qué hacer
Herrera del Duque queda relativamente aislado respecto a las grandes ciudades extremeñas, pero bien situado si se mira el mapa del centro peninsular. Está a una distancia razonable de Cáceres, Córdoba, Toledo o Ciudad Real. La mayoría de visitantes llega en coche; aparcar en el centro suele ser sencillo.
El recorrido básico se hace caminando. La subida al castillo es corta y permite entender de un vistazo el territorio: dehesas, sierras suaves y el brillo del embalse a lo lejos. La iglesia de San Juan suele abrir por las mañanas, aunque en pueblos de este tamaño conviene contar con cierta flexibilidad.
También existe un pequeño museo etnográfico municipal donde se guardan herramientas de campo, utensilios domésticos y objetos relacionados con la pesca del embalse. A veces hay que preguntar antes de ir porque los horarios cambian.
Lo demás consiste en pasear con calma por el centro, acercarse a Peloche si apetece ver el embalse de cerca y observar cómo funciona un pueblo que sigue teniendo servicios, colegio y vida diaria. En La Siberia eso no es un detalle menor.