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sobre Orellana de la Sierra
Pequeño pueblo con vistas al embalse de Orellana; destaca por su castillo-palacio y tranquilidad
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En La Siberia extremeña, entre lomas de encinar y monte bajo, aparece Orellana de la Sierra: un núcleo pequeño (252 habitantes) y tranquilo, a 403 metros de altitud. Aquí el plan va más de caminar despacio, hablar con quien te cruces y mirar el paisaje con calma que de “tachar” monumentos.
El casco urbano se recorre en un paseo. Verás casas de arquitectura popular, con materiales de la zona (piedra y pizarra en muchos rincones), fachadas encaladas y detalles sencillos como balcones de hierro. La iglesia parroquial es el edificio más reconocible; sobria, de esas que encajan con el carácter serrano del entorno.
Fuera del pueblo manda el paisaje. Los senderos y caminos de los alrededores permiten asomarse a pequeñas elevaciones y afloramientos rocosos, con buenas luces al amanecer y al atardecer. Con suerte se ven rastros de jabalí y corzo, y es frecuente escuchar y observar aves rapaces y forestales.
En la mesa, la comarca se reconoce en platos de cuchara y productos de temporada: migas, guisos de caza cuando toca, cordero, quesos artesanos. La recolección de setas y espárragos trigueros forma parte del calendario de mucha gente (si vas a hacerlo, conviene informarse bien y ser respetuoso con el campo).
Las fiestas patronales suelen concentrarse en verano y reúnen a vecinos y a quienes vuelven esos días al pueblo. En invierno, la matanza sigue presente en algunas casas como tradición familiar.
Si solo tienes 2 horas
- Vuelta a pie por el casco urbano: iglesia y calles más antiguas.
- Salida corta por algún camino cercano para coger perspectiva del pueblo y el paisaje serrano.
Mejor época
Primavera y otoño, por temperaturas más suaves y el campo más agradecido. En verano aprieta el calor a las horas centrales; mejor madrugar o salir al final de la tarde. En invierno, buenas noches para mirar estrellas si el cielo está despejado.