Artículo completo
sobre Orellana de la Sierra
Pequeño pueblo con vistas al embalse de Orellana; destaca por su castillo-palacio y tranquilidad
Ocultar artículo Leer artículo completo
Para visitar Orellana de la Sierra, lo normal es dejar el coche en la plaza, junto a la iglesia. El pueblo es pequeño y no hay muchas más zonas claras para aparcar. Se recorre rápido: una vuelta tranquila por las calles y poco más. Si quieres alargar la visita, toca salir por alguno de los caminos que rodean el casco.
El casco urbano es corto y bastante compacto. Casas bajas, muchas encaladas, con piedra y algo de pizarra en muros y tejados. No hay grandes monumentos. La iglesia parroquial, dedicada a San Pedro, es el edificio que más se reconoce desde lejos. Es sencilla por dentro y por fuera. Cumple su función y poco más.
La calle Mayor concentra buena parte de las casas antiguas. En algunas todavía se ven portones viejos y herrajes que llevan ahí décadas. No esperes tiendas ni mucho movimiento diario. Con la población que tiene el pueblo, la vida va despacio y bastante puertas adentro.
Al salir del casco empiezan enseguida los caminos de tierra. Son pistas usadas para el campo y el ganado. Algunos vecinos aún los utilizan a diario. La señalización es escasa, así que si te alejas conviene llevar el móvil con mapa o un GPS sencillo.
El paisaje es el típico de esta parte de La Siberia: dehesa abierta, encinas separadas y terreno ondulado. En algunos puntos altos se llega a ver el embalse de Orellana a lo lejos. No hay miradores preparados ni nada parecido, solo claros desde los que se abre la vista si el día está limpio.
En el pueblo la comida sigue la lógica rural de siempre: platos contundentes y productos del entorno. Migas, guisos con legumbres, carne de cordero cuando toca. No hay mucho discurso gastronómico detrás; son recetas de casa que se siguen haciendo porque siempre se han hecho.
Las fiestas patronales suelen celebrarse en agosto y durante esos días sí se nota más movimiento. El resto del año el ambiente es tranquilo. En invierno todavía se mantienen costumbres ligadas a la matanza en muchas casas, algo que aquí sigue siendo parte de la vida familiar.
Si tienes un par de horas, da una vuelta por la calle Miguel Hernández y las calles que salen hacia la parte alta del pueblo. Hay algunas casas más grandes que rompen con la arquitectura más humilde del centro. Después puedes caminar un rato por cualquiera de las pistas que salen hacia el campo para ver el paisaje con calma.
El clima aquí también manda. Cuando sopla el viento en invierno se nota bastante y el frío es seco. En verano el calor aprieta a partir de media mañana, así que conviene moverse temprano o al caer la tarde si vas a caminar.
Qué ver
La plaza es el punto lógico de inicio. Está el ayuntamiento y varias casas antiguas alrededor. Desde ahí se llega enseguida a la iglesia y a las dos o tres calles principales.
No hay grandes recorridos dentro del pueblo. Lo más interesante está en el entorno: caminos de campo, encinas y vistas abiertas de la comarca si subes un poco por las lomas cercanas.
Para tener presente
Orellana de la Sierra funciona mejor como parada corta dentro de una ruta por La Siberia extremeña. En una hora puedes verlo con calma. Para pasar el día completo tendrás que moverte por la zona en coche y combinarlo con otros pueblos o con el embalse.
Ven con expectativas normales. Es un pueblo pequeño que sigue viviendo a su ritmo. Si te gusta caminar un rato en silencio y ver paisaje de dehesa, cumple. Si buscas museos o mucho ambiente, aquí no lo vas a encontrar.