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sobre Collado de la Vera
Tranquilo pueblo verato con una iglesia singular y un entorno de robles y castaños
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Collado de la Vera se asienta en la ladera sur de la Sierra de Gredos, dentro de la comarca de La Vera, en el noreste de Cáceres. Como otros pueblos de esta franja, su origen está ligado a la reorganización del territorio tras la conquista cristiana de la zona, cuando estas tierras quedaron dentro de la extensa Tierra de Plasencia. A partir de la Baja Edad Media se formaron pequeños núcleos agrícolas dispersos por las laderas húmedas de Gredos. Collado fue uno de ellos.
Hoy viven aquí poco más de doscientas personas. El caserío se adapta a la pendiente con calles cortas y algo irregulares. Aparecen casas de piedra, entramados de madera y muros encalados que responden a una arquitectura muy común en La Vera. No es un conjunto monumental, pero conserva bien la lógica de los pueblos agrícolas de la sierra: viviendas pegadas unas a otras, pequeños corrales y huertos cerca del arroyo.
La vida cotidiana se sigue moviendo a escala muy pequeña. A determinadas horas se oyen tractores pasar hacia las parcelas cercanas. En los patios aún se guardan aperos y leña para el invierno, algo habitual en pueblos que han vivido durante siglos de una mezcla de huerta, castañar y algo de ganadería.
La iglesia de San Bartolomé y el centro del pueblo
La iglesia parroquial de San Bartolomé ocupa una posición central dentro del casco urbano. El edificio actual parece responder en gran parte a obras de los siglos XVI y XVII, cuando muchas parroquias de La Vera se ampliaron o reconstruyeron tras el crecimiento demográfico de la época. La torre de piedra es el elemento más visible desde los alrededores.
El interior es sencillo. Los retablos y las piezas litúrgicas que se conservan hablan de una parroquia modesta pero activa durante siglos. Como ocurre en muchos pueblos veratos, la iglesia no solo era un lugar religioso. También funcionaba como punto de reunión y referencia dentro de la vida comunitaria.
Alrededor de la plaza se concentran algunas casas antiguas con portadas de piedra y balcones de hierro. En ciertos muros todavía aparecen escudos familiares, señal de pequeñas hidalguías rurales que fueron relativamente frecuentes en la zona durante la Edad Moderna.
El paisaje de castaños y robles
El término municipal es pequeño, pero el paisaje cambia rápido en cuanto se sale del casco urbano. La proximidad de Gredos aporta agua constante y suelos frescos. Por eso abundan los castañares y robledales, un rasgo muy reconocible de esta parte de la comarca.
Durante siglos estos montes se aprovecharon de forma directa. El castaño daba fruto y madera, los prados se segaban para el ganado y los arroyos movían pequeños molinos. Ese uso tradicional explica la mezcla actual de bosque, bancales y praderas.
Aún se perciben restos de ese sistema: muros de piedra seca que delimitan antiguas parcelas, caminos hundidos por el paso del ganado y pequeños puentes de piedra sobre los arroyos.
Caminos que conectan con el resto de La Vera
Desde Collado salen caminos antiguos que comunican con otros pueblos cercanos de la comarca. Muchos eran rutas de trabajo más que de paseo: servían para llegar a huertas, molinos o zonas de pasto.
Hoy esos mismos senderos permiten caminar por los castañares y seguir el curso de los arroyos que bajan de Gredos. No suelen tener grandes desniveles en los tramos cercanos al pueblo. Aun así conviene llevar calzado adecuado, porque en épocas húmedas el terreno se vuelve resbaladizo.
En otoño el suelo aparece cubierto de hojas y erizos de castaña, una imagen muy típica de esta parte de la sierra.
Costumbres que aún se mantienen
Las fiestas de San Bartolomé se celebran a finales de agosto. Son días en los que regresan muchas personas que tienen aquí su origen familiar. La procesión del santo recorre las calles principales y se convierte en el momento central de las celebraciones.
Otra costumbre que todavía se recuerda en el pueblo son los Mayos. Tradicionalmente los jóvenes recorrían las calles cantando coplas en la noche de comienzos de mayo, una práctica extendida por muchas zonas rurales de la península.
También formó parte de la vida doméstica la matanza del cerdo, que durante generaciones garantizaba carne y embutido para buena parte del año. Hoy se hace menos, pero sigue presente en la memoria colectiva del lugar.
Cuándo acercarse
El otoño cambia bastante el paisaje de Collado de la Vera. Los castañares amarillean y el monte tiene más movimiento por la recogida del fruto. La primavera también resulta agradable, cuando el deshielo de Gredos aumenta el caudal de arroyos y gargantas cercanas.