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sobre Guijo de Santa Bárbara
El pueblo más alto de La Vera; famoso por sus licores y el Trabuquete
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En Guijo de Santa Bárbara lo primero es resolver el coche. Suele haber sitio para aparcar cerca de la plaza, en la parte alta del pueblo. Desde ahí se baja andando hacia la iglesia por una calle empedrada. El casco es pequeño. En un rato lo has recorrido.
La carretera de acceso suele estar bien, pero tiene tramos estrechos. Con lluvia o hielo conviene bajar despacio. Las pendientes no son largas, pero el asfalto mojado aquí se nota.
El pueblo: breve paseo y poco más
El núcleo urbano no tiene grandes edificios históricos ni museos. La iglesia de Santa Bárbara parece de época moderna —probablemente del siglo XVII o posterior— y es sencilla. Piedra, volumen sólido y un interior sin demasiada decoración.
Las calles más estrechas llevan a patios cerrados con tapias de piedra o madera. Todavía quedan casas con entramado y patios interiores que en verano se mantienen frescos. Muchas se han reformado. Otras siguen con el mismo aspecto austero de siempre.
No es un pueblo monumental. Se camina un rato y listo.
Gargantas, senderos y castaños
Lo que mueve a la gente a venir es el monte. Desde el pueblo salen caminos hacia las gargantas que bajan de Gredos. La del Pinar es una de las más conocidas. También hay pozas en la zona del río Casillas donde la gente se baña cuando el caudal lo permite.
Los senderos cruzan castañares, robles bajos y algo de matorral. En primavera aparecen cerezos silvestres en flor. En verano, si el año viene con agua, las pozas sirven para un baño rápido. El agua baja fría incluso en agosto.
Hay tramos con pendiente y piedra suelta. Conviene llevar calzado decente y mirar dónde se pisa.
En el monte se ven rastros de jabalí y, con suerte, algún zorro al atardecer. Sobre el valle suelen volar rapaces: águilas reales o culebreras y algún gavilán.
Comida de temporada y vida tranquila
La cocina que se ve por aquí tira de producto cercano. Patatas de la zona de La Vera, setas cuando toca y trucha del Casillas si hay temporada de pesca. Platos sencillos: migas con pimientos, guisos de cabrito o cosas de cuchara cuando refresca.
No es un lugar montado para el turismo. Los bares que hay funcionan sobre todo para la gente del pueblo y de los alrededores.
En primavera algunos vecinos salen a por espárragos trigueros. En otoño llegan los níscalos y otros hongos si el monte viene húmedo. La recolección suele estar regulada, así que conviene informarse antes de ponerse a llenar la cesta.
Fiestas y movimiento en verano
Las celebraciones principales giran en torno a Santa Bárbara. Suele haber actos religiosos y actividades organizadas por el propio pueblo. En agosto aumenta la población porque vuelven familias que viven fuera. Entonces aparecen verbenas, juegos y cosas montadas por asociaciones locales.
Nada masivo. Más bien ambiente de pueblo que se reencuentra unos días.
Un último consejo
Ven temprano si quieres caminar por las gargantas y vuelve antes de que anochezca. El pueblo se ve rápido. Aquí el plan real está fuera, en los caminos. Si no vas a salir al monte, la visita se queda corta.