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sobre Casar de Palomero
Pueblo de las tres culturas (judía, árabe, cristiana) en Las Hurdes; historia y naturaleza unidas
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Hay pueblos que te obligan a hacer planes. Y luego está Casar de Palomero, que funciona más bien al revés: llegas, aparcas, das una vuelta y el sitio decide el ritmo por ti. Me pasó la primera vez que entré por la carretera de Las Hurdes. Pensaba parar diez minutos para estirar las piernas y al final me quedé bastante más rato.
Casar de Palomero no llega al millar de vecinos y está metido entre montes de castaños y robles. Aquí el paisaje no es de postal limpia. Es más bien como una despensa vieja: árboles, huertos, bancales y caminos que suben y bajan sin mucha lógica. En otoño el suelo se llena de hojas y castañas, y caminar por los alrededores tiene ese sonido seco bajo las botas que todos reconocemos.
Un pueblo que se recorre en un rato
El casco urbano es pequeño y se entiende rápido. Calles estrechas, bastante piedra y tejados oscuros que parecen pegados unos a otros para aguantar el invierno. No hay grandes plazas monumentales ni edificios que se impongan sobre el resto. Más bien un conjunto sencillo, de esos donde la vida diaria se nota en los detalles.
Lo que más llama la atención son los patios y huertos dentro del propio pueblo. A veces asomas la cabeza por una calle y ves tomateras, gallineros o escaleras de madera que suben a un balcón. Ese tipo de cosas que recuerdan que aquí la casa y la huerta siguen bastante unidas.
La iglesia de San Juan Bautista
En el centro está la iglesia dedicada a San Juan Bautista. El edificio actual suele situarse en torno al siglo XVI, levantado sobre una construcción anterior. No es un templo recargado. La fachada es sobria y encaja bien con el tono del pueblo.
La plaza que la rodea hace de punto de encuentro. Según la época del año todavía acoge celebraciones religiosas y reuniones vecinales. Si pasas un rato allí verás el movimiento normal de cualquier pueblo pequeño: gente charlando, alguien que cruza con bolsas, algún coche que aparca rápido y sigue.
Pasear por los montes de alrededor
Salir a caminar por los alrededores de Casar de Palomero es bastante fácil. Los montes empiezan casi en cuanto dejas las últimas casas. Hay senderos que bajan entre castaños y otros que suben hacia pequeñas lomas desde donde se ve el valle.
No esperes rutas muy preparadas. Son caminos usados desde hace años para moverse entre fincas o para ir al monte. Si ha llovido, algunos tramos se embarran. Y en verano el calor aprieta en las horas centrales, así que conviene madrugar un poco.
Aun así, es ese tipo de paseo tranquilo donde vas encontrando muros de piedra, huertos abandonados o alguna fuente escondida entre árboles.
Fiestas y vida del pueblo
Las tradiciones siguen marcando el calendario local. La recogida de castañas en otoño mueve bastante actividad en la zona. También se celebran romerías ligadas a San Juan y, cuando llega agosto, las fiestas patronales traen música, verbenas y bastante gente que vuelve al pueblo unos días.
Es el momento en que Casar de Palomero cambia de ritmo. Las calles se llenan más de lo habitual y el ambiente se alarga hasta la noche.
Cuánto tiempo dedicar y cómo llegar
Casar de Palomero se ve rápido. En un par de horas puedes recorrer el centro, asomarte a los caminos cercanos y hacerte una idea del lugar. Es más bien una parada dentro de una ruta por Las Hurdes que un destino para todo el día.
Si te mueves por la comarca, tiene sentido combinarlo con otros pueblos cercanos. Cada uno tiene su carácter y el paisaje cambia bastante en pocos kilómetros.
Desde Cáceres lo habitual es subir primero hacia Plasencia y luego continuar por la carretera que se adentra en Las Hurdes. El último tramo tiene bastantes curvas, aunque forma parte del viaje. Si vas sin prisa, el camino ya empieza a explicar dónde te estás metiendo.
Trae calzado cómodo y algo de abrigo si vienes en meses fríos. En cuanto te alejas de las casas, el monte manda. Y en esta parte de Extremadura las tardes pueden refrescar más de lo que parece al mirar el mapa.