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sobre Cheles
Pueblo fronterizo a orillas del Gran Lago de Alqueva; famoso por su playa fluvial con Bandera Azul y deportes náuticos
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En el corazón de los Llanos de Olivenza, donde la tierra extremeña se extiende en suaves ondulaciones hasta perderse en el horizonte, se encuentra Cheles, un pueblo que encarna la esencia más auténtica de la Extremadura profunda. Con poco más de mil habitantes y una altitud de 197 metros, este tranquilo municipio pacense se alza como un remanso de paz donde el tiempo parece discurrir a ritmo diferente.
La proximidad a la frontera portuguesa ha marcado el carácter de Cheles a lo largo de los siglos, dotándolo de una personalidad única que se refleja tanto en su arquitectura como en sus tradiciones. Sus calles empedradas y casas encaladas nos hablan de una historia compartida entre dos países, mientras que sus extensos campos de olivares y cultivos cerealistas dibujan un paisaje de una belleza serena y contemplativa.
Pasear por Cheles es sumergirse en la Extremadura más genuina, donde cada rincón respira tranquilidad y donde el visitante puede desconectar del ritmo acelerado de la vida moderna para redescubrir el placer de las pequeñas cosas.
Qué ver en Cheles
El patrimonio arquitectónico de Cheles, aunque modesto, refleja siglos de historia y tradición. La iglesia parroquial de San Pedro constituye el principal monumento del pueblo, un templo que conserva elementos de interés histórico y artístico que merece la pena contemplar con detenimiento. Su estructura y elementos decorativos nos hablan del fervor religioso que ha caracterizado estas tierras a lo largo de los siglos.
El casco histórico de Cheles mantiene intacto el sabor de los pueblos extremeños tradicionales, con sus casas de una o dos plantas, fachadas encaladas y patios interiores donde florecen geranios y jazmines. Un paseo por sus calles permite descubrir la arquitectura popular de la región, con elementos como las características chimeneas extremeñas y los zócalos de piedra.
Los alrededores de Cheles ofrecen un paisaje característico de los Llanos de Olivenza, con extensas dehesas pobladas de encinas centenarias que crean un ecosistema único. Estos parajes son ideales para observar la fauna local, especialmente aves como cigüeñas, cernícalos y diversas especies de paseriformes que encuentran refugio entre las ramas de estos nobles árboles.
Qué hacer
La tranquilidad de Cheles lo convierte en el destino perfecto para quienes buscan desconectar y disfrutar de la naturaleza. Las rutas de senderismo por los alrededores del pueblo permiten descubrir el paisaje típico de la comarca, con senderos que serpentean entre olivares, campos de cereal y dehesas donde pastan rebaños de ovejas y cabras.
La gastronomía local constituye una experiencia imprescindible. Los productos de la tierra, como el aceite de oliva virgen extra, los quesos artesanos y los embutidos tradicionales, forman la base de una cocina sencilla pero sabrosa. Los platos de cuchara, como el gazpacho extremeño o las migas, cobran especial protagonismo en los meses más fríos.
Los aficionados a la fotografía encontrarán en Cheles y su entorno motivos únicos, especialmente durante el amanecer y el atardecer, cuando la luz dorada baña los campos creando estampas de singular belleza. Las dehesas centenarias, con sus encinas solitarias recortadas contra el cielo, ofrecen composiciones de gran fuerza visual.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Cheles gira en torno a las tradiciones religiosas y agrícolas que han marcado el ritmo de vida del pueblo durante generaciones. Las fiestas patronales en honor a San Pedro se celebran a finales de junio, coincidiendo con el santoral, y constituyen el momento más importante del año para la comunidad local.
Durante el mes de agosto, Cheles celebra sus fiestas de verano, con actividades que incluyen verbenas populares, competiciones deportivas y eventos culturales que reúnen a vecinos y visitantes en un ambiente de convivencia y alegría.
La Semana Santa se vive con especial recogimiento, manteniendo tradiciones centenarias que se transmiten de generación en generación. Las procesiones por las calles del pueblo constituyen momentos de gran emotividad y fervor popular.
Información práctica
Para llegar a Cheles desde Badajoz, la capital provincial, hay que recorrer aproximadamente 35 kilómetros por la carretera N-435 en dirección a Olivenza, para después tomar el desvío correspondiente. El trayecto en coche no supera los 45 minutos y permite disfrutar del paisaje típico de la comarca.
La mejor época para visitar Cheles es durante los meses de primavera y otoño, cuando las temperaturas son más suaves y el paisaje muestra sus mejores galas. La primavera trae consigo la floración de los campos, mientras que el otoño ofrece una paleta de colores únicos en las dehesas y olivares.
Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar por las calles del pueblo y realizar las rutas de senderismo. Los amantes de la naturaleza no deben olvidar los prismáticos para la observación de aves y una cámara fotográfica para capturar la belleza del paisaje extremeño.