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sobre Nogales
Pueblo dominado por el Castillo de Nogales en un cerro; entorno agrícola y ganadero con bonitas vistas
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Hay pueblos que funcionan como esas sobremesas largas de domingo: no pasa gran cosa, pero tampoco hace falta. El turismo en Nogales va un poco por ahí. Un municipio de algo más de 600 vecinos en los Llanos de Olivenza donde el plan, básicamente, es bajar el ritmo y mirar alrededor.
Nogales no juega a impresionar con grandes monumentos ni con calles pensadas para la foto rápida. Es más bien ese tipo de sitio donde lo interesante aparece cuando caminas un rato sin prisa: una puerta vieja de madera, una conversación apoyada en una pared encalada o el sonido de algún tractor que vuelve del campo.
El centro del pueblo
Si llegas desde Olivenza, el pueblo se reconoce rápido por la torre de la iglesia de San Pedro Apóstol. Es la referencia visual del casco urbano y termina siendo el punto al que vuelves aunque no lo busques.
La iglesia se levantó hacia finales del siglo XVI. No esperes un interior cargado de ornamentación ni grandes obras artísticas. Es un templo sobrio, muy en la línea de muchos pueblos de esta parte de Extremadura: piedra, volumen sólido y la sensación de que lleva ahí mucho más tiempo del que cualquiera recuerda con precisión.
Alrededor de la plaza salen unas pocas calles estrechas. Casas encaladas, algunas con molduras de piedra o escudos en las fachadas. Pequeños detalles que recuerdan que el pueblo tuvo épocas con más movimiento económico que ahora.
Lo que más se ve hoy es vida cotidiana: vecinos sentados al fresco al caer la tarde, alguien cruzando la plaza con bolsas de la compra, chavales usando la calle como si fuera un patio enorme.
Caminar alrededor de Nogales
En cuanto sales del casco urbano, el paisaje cambia rápido. Aquí empiezan las dehesas típicas del suroeste extremeño: encinas, alcornoques y terreno abierto donde el horizonte se estira bastante más de lo que uno espera si viene de ciudad.
Hay caminos agrícolas que se pueden recorrer andando o en bici. No están pensados como rutas señalizadas ni nada parecido; son caminos de trabajo que la gente del pueblo ha usado siempre. Pendientes suaves, rectas largas y bastante silencio.
En esas dehesas es fácil ver ganado ibérico moviéndose despacio entre los árboles. A primera hora o al atardecer la luz suele caer muy limpia sobre el campo, y el paisaje gana mucho.
Aves y campo abierto
Si te gusta mirar pájaros —aunque sea de manera amateur— estos llanos tienen bastante movimiento. Cigüeñas blancas, milanos o alguna abubilla apareciendo entre la hierba alta.
No es un destino de observación famoso ni hay miradores preparados para ello. Pero con unos prismáticos y algo de paciencia suelen aparecer cosas interesantes, sobre todo en las zonas de encinar.
Otoño y setas
Cuando llegan las lluvias de otoño, en algunos pinares de la zona la gente del entorno suele salir a buscar setas. A veces aparecen níscalos, aunque esto depende mucho del año y de cómo venga la temporada.
Si no sabes distinguirlas bien, mejor limitarse a pasear. Y, como en cualquier zona rural, conviene recordar que muchas fincas son privadas.
Fiestas que siguen el calendario del pueblo
Las celebraciones giran bastante alrededor de las tradiciones locales. La fiesta vinculada a San Pedro suele marcar uno de los momentos importantes del año, con procesiones por las calles del centro.
En verano también se organizan verbenas y actividades que reúnen sobre todo a la gente del propio pueblo y a quienes vuelven en vacaciones. No es el tipo de fiesta pensada para atraer visitantes de fuera; más bien es un reencuentro entre vecinos.
Durante la Semana Santa también hay procesiones sencillas por el casco urbano, con ese tono tranquilo que tienen muchas celebraciones en pueblos pequeños.
Cómo encaja Nogales en una ruta por la zona
Nogales está a menos de una hora en coche de Badajoz y bastante cerca de Olivenza, que suele funcionar como base más cómoda si se quiere dormir por la zona.
Sinceramente, no es un lugar para pasar un día entero haciendo turismo. Es más bien una parada breve dentro de una ruta por los Llanos de Olivenza: pasear por el centro, asomarse al campo que rodea el pueblo y seguir camino.
Ese es un poco el truco de Nogales. Si llegas esperando un gran listado de cosas que ver, probablemente te sabrá a poco. Si lo tomas como una pausa en mitad del paisaje extremeño, encaja mucho mejor.