Artículo completo
sobre Llerena
Histórica sede de la Inquisición y del Maestrazgo de Santiago; conjunto histórico-artístico de primer orden con plaza mayor porticada
Ocultar artículo Leer artículo completo
Si vienes a Llerena, lo práctico primero: deja el coche en las avenidas que rodean el centro, como la de la Constitución o calles parecidas. El casco histórico es un laberinto de calles estrechas y algunas zonas tienen aparcamiento regulado. En verano se llena más de lo que uno espera para un pueblo de este tamaño. Si aparcas fuera y entras andando, te ahorras vueltas.
El centro gira alrededor de la plaza principal. Mucha gente la llama Plaza Redonda, aunque de redonda tiene poco. Es grande para un pueblo de algo más de cinco mil vecinos y está rodeada de soportales. Ahí están el ayuntamiento, bancos y las terrazas donde se junta medio Llerena por la tarde. Si no sabes por dónde empezar, empieza ahí.
La Inquisición pasó por aquí
Llerena fue sede del Santo Oficio durante siglos. Desde aquí se controlaba buena parte del sur de Extremadura y zonas cercanas de Andalucía. La presencia de la Inquisición dejó edificios y bastante historia incómoda.
En la calle Zapata se conserva el inmueble donde estuvo el tribunal. Hoy es vivienda privada, así que lo normal es verlo solo por fuera. En el casco también se mencionan antiguas dependencias relacionadas con el tribunal —cárceles o casas vinculadas al proceso inquisitorial—, aunque muchas han cambiado de uso con el tiempo.
La iglesia de Nuestra Señora de la Granada domina la plaza. La torre se ve desde casi todo el pueblo. Arriba suelen anidar cigüeñas, como en medio Extremadura. Dentro hay un detalle curioso: un balcón interior que se utilizaba para presenciar festejos en la plaza cuando la iglesia estaba ligada a la vida pública del lugar.
Calles estrechas y casas grandes venidas a menos
El casco antiguo se recorre rápido. Calles como el Callejón del Cristo o la zona de Simona y Bodegones conservan trazado medieval: estrechas, irregulares y con casas pegadas unas a otras. Algunas están restauradas, otras no tanto.
También quedan varias casas palaciegas. Varias pertenecieron a familias con peso en la comarca y hoy muchas están cerradas o con uso distinto al original. El palacio de los Zapata es de los que aún dejan ver escudos y fachada señorial. Otros edificios históricos están más tocados por el tiempo.
No todo está perfectamente señalizado. Si preguntas, te orientan rápido. En pueblos así todavía funciona.
Si te apetece caminar un poco más, puedes subir hacia el cerro de la Cruz, a las afueras. Desde arriba se ve la llanura de la Campiña Sur: dehesa, cortijos sueltos y campos abiertos. Lleva agua si vas en verano; hay tramos sin sombra.
Lo que se come aquí
La cocina es la que se espera en esta parte de Extremadura: platos contundentes.
La caldereta de cordero aparece mucho en fiestas y reuniones. Las migas también son habituales, con sus trozos de panceta o chorizo. El queso de oveja de la zona —muchas veces de merina— se vende en media comarca.
Para dulce, en Llerena se conocen los corazones de monja, que elaboran tradicionalmente en el convento de Santa Clara. Si están vendiendo ese día, se compran a través de la reja del convento, como se ha hecho siempre.
El teatro romano de Regina
A pocos kilómetros del pueblo está Regina Turdulorum, un yacimiento romano cuyo elemento más visible es el teatro. Se puede visitar cuando el recinto está abierto al público; en verano suele haber más movimiento porque continúan las excavaciones y a veces se organizan representaciones de teatro clásico.
Fuera de esas fechas el lugar es tranquilo: gradas de piedra, campo alrededor y poco más.
Feria y movimiento en septiembre
La feria de San Miguel, a finales de septiembre, sigue teniendo presencia de ganado, algo cada vez menos común. Durante esos días el pueblo se llena bastante y aparecen puestos de productos de la zona: embutidos, quesos, vinos.
Consejo rápido: Llerena se ve en medio día sin problema. Si vienes desde lejos, compénsalo con Zafra o con alguna parada por la Campiña Sur. Y organiza la visita por la mañana. A primera hora de la tarde el pueblo se queda bastante tranquilo.