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sobre Losar de la Vera
Famoso por sus jardines con formas de animales en la carretera y garganta de Cuartos
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Losar de la Vera es como ese pueblo que tu abuela tiene en la cabeza cuando dice "vamos al pueblo": casas bajas, calles que no tienen prisa y un silencio que solo rompe algún coche aparcando. Pero con un giro curioso: aquí los setos no son setos, son dinosaurios, guitarras y hasta un Cristo. Más de un centenar de esculturas vegetales que alguien empezó a recortar en los años 70 y que hoy convierten el lugar en una especie de museo al aire libre, versión jardín llevado al extremo.
El pueblo que podría salir en una peli de Tim Burton
Hay quien dice que Tim Burton pasó por aquí en los 80 y que aquello le dio ideas para Eduardo Manostijeras. No he encontrado una confirmación clara, así que lo dejo en anécdota local. Pero cuando caminas por el pueblo entiendes por qué la historia circula: hay algo raro —en el buen sentido— en ver un dinosaurio de hojas mirándote desde la acera.
La gente del pueblo pasa de largo, claro. Para ellos es como el cartel de la farmacia: ya ni lo miran. Pero si vienes de fuera te paras cada dos minutos con el móvil en la mano pensando “esto no es muy normal”.
Lo curioso es que no hay un recorrido oficial marcado. Vas encontrando figuras según caminas: un toro cerca del ayuntamiento, músicos no muy lejos de la iglesia, algún ave enorme en una rotonda. Tiene algo de búsqueda del tesoro improvisada.
El río que lo partió todo
A las afueras está la garganta de Cuartos, donde el agua ha ido abriéndose paso entre la roca durante siglos. El lugar tiene un puente de piedra bastante antiguo y una zona de baño que en verano se llena de gente del pueblo y de media comarca.
Desde Losar sale un camino sencillo de alrededor de tres kilómetros que te acerca hasta allí. Es un paseo fácil, de los que se hacen charlando y parando a mirar el agua.
Cuando aprieta el calor, bajar a la garganta funciona como cambiar de habitación y entrar en otra con aire más fresco. Hay pozas donde mucha gente se da un chapuzón y el ruido del agua termina tapando cualquier pensamiento de lunes laboral.
Comer como si el colesterol fuera un mito
En Losar no vas a encontrar muchas florituras modernas. Aquí la sopa de cachuelas te pega más que un abrazo de tu tía después de año y medio sin verte: pan, pimentón de la Vera, ajo y lo que toque en la olla. Es de esos platos que parecen sencillos hasta que te das cuenta de que repites.
La morcilla mondonga también tiene su personalidad. No es la típica morcilla de arroz: lleva pan rallado y un punto de especias que recuerda mucho a cocina de casa.
Y luego está el cabrito. Si eres de los que en la granja miraba al chivo y decía “qué mono”, quizá no sea tu plato. Pero si no tienes ese problema moral, la caldereta suele aparecer en muchas mesas de la zona y el pan acaba haciendo horas extra.
Fiesta, emigrante y aguardiente
En agosto el pueblo cambia de ritmo. Con las fiestas del Santísimo Cristo de la Misericordia vuelve mucha gente que vive fuera y las calles se llenan más de lo habitual.
Uno de los momentos más comentados es la Vaquilla del Aguardiente. El nombre ya da pistas: suele soltarse una vaquilla por el recorrido y la gente corre delante con más entusiasmo que estrategia, a veces con una botella de aguardiente de por medio. No es un encierro gigantesco, pero tampoco es plan de ponerse zapatos nuevos.
También se celebra el llamado Día del Emigrante, normalmente en verano. Es ese momento en que los que se fueron a Madrid, Barcelona o más lejos vuelven unos días y el pueblo se llena de reencuentros y conversaciones que empiezan siempre igual: “¿te acuerdas cuando…?”
¿Tiene sentido bajarse del coche?
Desde Madrid son algo más de dos horas por la A‑5. Llegas, aparcas sin demasiada pelea y en una tarde puedes recorrer el centro con calma.
No es un sitio para hacer una lista larga de cosas. Funciona mejor como parada tranquila si andas por La Vera o si vas camino de Gredos. Un plan bastante redondo sería algo así: paseo por el pueblo buscando los setos raros, bajar a la garganta, comer fuerte y acabar con un café en la plaza viendo pasar la tarde.
Mi consejo: no vengas buscando el pueblo más espectacular de Extremadura. Ven con la idea de pasar unas horas sin prisa, caminar un rato y encontrarte, de repente, con un dinosaurio hecho de hojas mirándote desde la esquina. Ese tipo de detalle explica bastante bien lo que es Losar de la Vera.