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sobre Madroñera
Pueblo cercano a Trujillo con dehesas y tradición gastronómica
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El turismo en Madroñera suele empezar entendiendo dónde está el pueblo. Se levanta a unos 589 metros de altitud, en una loma que mira al valle del Magasca, dentro de la comarca de Trujillo. La carretera llega entre dehesas y suelos de pizarra, y el caserío aparece de golpe, compacto y blanco. No es un núcleo grande ni monumental; más bien un pueblo agrícola que fue creciendo donde el terreno lo permitía.
El obispo que compró la villa
En el siglo XVI Madroñera dejó de ser una pequeña aldea para convertirse en villa. La operación estuvo vinculada al obispo de Plasencia, Gutierre Vargas Carvajal, que adquirió el lugar a la Corona, algo relativamente frecuente en aquella época. Para la Iglesia estos territorios eran una fuente de rentas: tierras de cultivo, pastos y derechos sobre la población.
De ese momento procede la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción. El edificio es sencillo: una nave amplia, muros de mampostería y una torre que recuerda más a una atalaya que a un campanario monumental. En el interior se conserva un retablo del siglo XVI. Los vecinos suelen decir que la Anunciación central podría estar relacionada con el entorno de Berruguete; no hay documentación clara, pero el estilo encaja con la imaginería castellana de la época.
La ermita de la Virgen de Soterraña
A las afueras del casco urbano, hacia una zona de monte bajo y castaños dispersos, se encuentra la ermita de la Virgen de Soterraña. La tradición local cuenta que la imagen apareció en una pequeña cueva del cerro cercano. Como ocurre en muchos pueblos, la historia se ha transmitido sobre todo de forma oral y las fechas varían según quien la cuente.
La imagen, conocida en el pueblo como “la Morenica”, sigue teniendo mucha presencia en la vida local. Una vez al año se traslada en procesión hasta la parroquia. Ese día las calles se preparan con serrín teñido y ramas de romero, una costumbre que todavía moviliza a buena parte del pueblo.
En la ermita sobrevive también un gesto curioso: lanzar un pequeño trozo de pizarra hacia el tejado como petición de protección frente a tormentas o problemas. Es una práctica popular que probablemente viene del mundo pastoril, cuando el tiempo marcaba la vida diaria.
Los antiguos lagares de la ladera sur
En la ladera que mira al sur quedan varios lagares tradicionales. Son construcciones modestas de piedra y teja donde se prensaba la uva antes de llevar el mosto a tinajas o bodegas. Algunos conservan todavía los pilones de piedra y las canalizaciones por donde corría el mosto.
No hay una ruta señalizada como tal, pero se pueden localizar caminando por los caminos agrícolas que salen del pueblo. Los vecinos mayores recuerdan bien cuándo funcionaban: hasta finales del siglo XX todavía se elaboraba vino en pequeños lagares familiares antes de que la producción se concentrara en cooperativas de la zona.
El rollo de justicia
En uno de los accesos al pueblo se conserva un rollo de justicia, símbolo de la jurisdicción que Madroñera obtuvo al convertirse en villa. No es una pieza especialmente monumental, pero cumple su función histórica: indicar que aquí había autoridad propia para juzgar.
La columna remata en un capitel con una figura femenina bastante singular. En el pueblo la llaman “la Mona”. No hay una explicación clara sobre su origen y las historias que circulan son más bien parte del imaginario local.
Cómo situarse al llegar
Madroñera se encuentra a poca distancia de Trujillo y relativamente cerca de Cáceres por carretera. El pueblo se recorre andando sin dificultad: la plaza, la iglesia y las calles del casco antiguo quedan muy próximas entre sí.
Para entender el paisaje conviene salir un poco hacia los caminos que rodean el núcleo urbano. Allí aparece la dehesa, con encinas dispersas, olivares y terreno de pizarra. En primavera el monte bajo se llena de flores y el olor del romero se nota incluso antes de verlo. En invierno es habitual que la niebla se quede en el valle del Magasca mientras el pueblo queda por encima, como si flotara sobre una capa blanca.