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sobre Malpartida de Plasencia
Puerta norte de Monfragüe; pueblo grande con tradición de albañilería y naturaleza
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Las campanas de San Juan Bautista dan las ocho cuando el sol todavía no ha salpicado del todo el valle del Tiétar. Desde la plaza se ve cómo la niebla se arrastra entre los olivos como una manta gris que alguien ha olvidado recoger. En Malpartida de Plasencia los domingos empiezan así: con la luz todavía templada y el olor a pan recién hecho que sale de alguna panadería cercana, antes de que los coches aparcados en doble fila ocupen la calle Real.
Malpartida de Plasencia entre dehesas
Malpartida no es un pueblo que se muestre de golpe. Se descubre despacio, entre caminos de tierra rojiza que serpentean entre encinas y quejigos. El término municipal es grande y muy abierto, con dehesa por todas partes. Aquí ese paisaje no es decorado: es el terreno donde pastan los cerdos ibéricos cuando hay bellota y donde los ganaderos siguen moviendo el ganado de una finca a otra como se ha hecho siempre.
La iglesia de San Juan Bautista se levanta en el centro del casco urbano. La portada mezcla elementos góticos y renacentistas —algo bastante común en templos que se fueron ampliando con los siglos—, pero lo que suele llamar más la atención es el coro de madera. Tiene una estructura poco habitual y, visto desde abajo, parece casi suspendido. Los vecinos llevan tiempo contando versiones distintas sobre cómo se diseñó; lo que sí es evidente es que el sonido dentro del templo se proyecta con claridad.
Los Castillejos: restos vetones en un cerro cercano
A pocos kilómetros del pueblo, en el cerro de los Castillejos, aparecen los restos de un asentamiento vetón anterior a la presencia romana en la zona. Quedan tramos de muralla y varias estructuras funerarias excavadas en la roca. Una de ellas suele conocerse como la Tumba de la Princesa, aunque el nombre es más bien una tradición popular que una identificación histórica.
El paseo hasta allí no es largo. El terreno, eso sí, tiene tramos de hierba alta y la señalización puede pasar desapercibida si no vas atento. Conviene llevar agua incluso en días suaves, porque la sombra escasea en algunos puntos del cerro. Cuando sopla aire, el viento se cuela entre las piedras y el sonido se queda flotando un rato, mezclado con el olor seco del tomillo y el romero.
Los “chinatos” y la relación con Plasencia
A los vecinos de Malpartida se les conoce como chinatos. El apodo suele explicarse con historias antiguas de disputas a pedradas con los de Plasencia cuando coincidían en los caminos o en zonas de pasto. Hoy queda más como broma que como rivalidad real, pero todavía aparece en las conversaciones cuando alguien pregunta si el pueblo depende demasiado de la ciudad.
La cercanía con Plasencia siempre ha marcado la vida aquí. Muchos caminos tradicionales conectaban ambos lugares y el tránsito de pastores y comerciantes ayudó a que el núcleo creciera. Parte de la documentación histórica del municipio se perdió durante la Guerra de la Independencia, cuando tropas francesas pasaron por la zona y quemaron archivos y edificios administrativos, algo que ocurrió en bastantes pueblos de la comarca.
Primavera en la dehesa
La primavera cambia bastante el paisaje alrededor de Malpartida de Plasencia. Después de las lluvias, el campo se vuelve muy verde y las encinas proyectan sombras más densas sobre la hierba.
En mayo suele celebrarse la romería de la Virgen de la Carrasca, que lleva a buena parte del pueblo hasta la dehesa cercana al santuario. El camino se llena de carros, caballos y grupos andando despacio, entre olivos viejos y matorral bajo. El olor dominante ese día suele ser una mezcla de romero pisado, humo de leña y guisos que empiezan a hacerse desde media mañana.
En muchas casas aparece entonces la caldereta de cordero, preparada en peroles grandes, y platos que aquí siguen muy presentes: migas, queso de oveja de la zona o pan tostado con productos de la matanza. Si te invitan a sentarte a la mesa, lo normal es que te insistan más de una vez.
El camino del Tiétar hacia Plasencia
Desde Malpartida sale un recorrido que sigue el curso del Tiétar en dirección a Plasencia. Son unos ocho kilómetros aproximadamente, casi siempre entre huertas, choperas y parcelas agrícolas.
En verano el paseo puede hacerse pesado: el sol cae de lleno y cerca del agua aparecen bastantes mosquitos. En cambio, en primavera o a primera hora de la mañana el camino se vuelve mucho más llevadero. Se oyen las acequias, los pájaros en las copas de los chopos y el ruido lejano de algún tractor trabajando.
A medida que te acercas a Plasencia el paisaje cambia poco a poco. Las huertas se ordenan en parcelas más pequeñas y empiezan a aparecer más casas dispersas. Luego llega la ciudad de golpe: tráfico, semáforos y terrazas llenas. Muchos hacen el recorrido de ida y vuelta en el día y regresan a Malpartida antes de anochecer, cuando la dehesa se queda en silencio y el campo empieza a oscurecerse con ese tono entre marrón y dorado que deja el sol al caer.
Consejo de Elena: si vienes en verano, intenta moverte temprano o al final de la tarde. El calor aprieta bastante al mediodía y muchas calles se quedan casi vacías hasta que baja el sol. En primavera, en cambio, es fácil encontrarte el pueblo más vivo, con gente en la plaza y movimiento constante hacia el campo.