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sobre Palomero
Pueblo serrano con vistas y entorno de olivos
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A primera hora, cuando el sol todavía tarda en asomar por encima de las encinas, el turismo en Palomero empieza con silencio. Las calles aún guardan la humedad de la noche. Huele a tierra fresca y a leña apagada. Al caminar despacio se oyen las suelas contra el suelo irregular y, de vez en cuando, una puerta que se abre o una persiana que sube.
Palomero es un municipio pequeño de la comarca de Trasierra‑Tierras de Granadilla. Apenas ronda los quinientos habitantes. Aquí las distancias son cortas y casi todo se recorre andando. Lo que llama la atención no es un edificio concreto, sino el conjunto: muros de piedra oscura, rejas antiguas y macetas que asoman por encima de patios interiores.
La plaza y la iglesia
La plaza mayor se reconoce enseguida por el sonido del agua. Hay dos fuentes de piedra y varios bancos de granito gastados por los años. A media mañana suele haber vecinos charlando o simplemente sentados al sol.
A pocos pasos está la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora. La fachada es sobria, de tonos ocres que cambian con la luz de la tarde. Dentro se conservan piezas religiosas que, según cuentan aquí, se remontan a siglos pasados. La campana marca todavía el ritmo del día. Suena limpia en un pueblo donde el ruido de fondo es casi inexistente.
Calles cortas y fuentes antiguas
Las calles de Palomero no siguen un trazado recto. Se doblan, suben un poco, vuelven a bajar. Muchas terminan en pequeñas plazoletas o en patios donde se ven parras y geranios.
Una de las paradas habituales es la Fuente del Tío Antón. Está hecha de arenisca y tiene un caño de hierro oscuro. Durante años fue uno de los puntos donde los vecinos recogían agua con cántaros. La llamada Fuente Nueva, restaurada hace tiempo, queda en otro rincón del pueblo y en verano se agradece la sombra que se forma alrededor.
Caminar sin rumbo suele ser suficiente. El pueblo no es grande y siempre acabas regresando a la plaza o a la iglesia.
Caminos hacia la dehesa
Al salir del casco urbano aparecen enseguida los caminos rurales. Algunos son pistas de tierra; otros apenas un sendero entre muros de piedra. A los lados crecen encinas y matorral bajo.
La dehesa se extiende alrededor del pueblo. Es un paisaje abierto, con árboles separados que dejan pasar la luz. En lo alto a veces planean cigüeñas o milanos. Más abajo se oye el ganado, aunque no siempre se ve.
Conviene caminar temprano o al final de la tarde, sobre todo cuando el calor aprieta. En verano el sol cae con fuerza en estas lomas abiertas y hay poca sombra continua.
Comida de temporada y costumbres
En Palomero la cocina sigue muy ligada a lo que se produce alrededor. En algunas épocas del año todavía se elaboran quesos de manera familiar. También aparecen platos sencillos que aquí son habituales: migas, guisos con carne de cerdo ibérico o ensaladas donde el pimiento asado tiene mucho protagonismo.
Cuando llega la temporada de matanza el ambiente cambia. Durante unos días el pueblo huele a humo, a pimentón y a carne curándose. Son momentos muy ligados a las casas y a las familias.
Las fiestas principales suelen celebrarse en torno a la Asunción, en verano. Hay procesiones, música en la plaza y reuniones que se alargan hasta la noche. En invierno, cerca de enero, se mantiene la costumbre de bendecir animales en la plaza, una escena curiosa en un lugar donde todavía quedan corrales y pequeños rebaños.
El carnaval también aparece cada año, aunque de forma sencilla. Disfraces hechos en casa, coplas improvisadas y grupos que recorren las calles.
Cuándo venir y cómo llegar
La primavera y el otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por los alrededores. El campo cambia rápido: primero verde y lleno de flores, luego más dorado cuando avanza la estación. En verano conviene madrugar. A partir del mediodía el calor se nota mucho en las calles abiertas.
Palomero se alcanza por carreteras comarcales desde el norte de Cáceres. El último tramo discurre entre dehesas y pequeñas fincas. No es raro cruzarse con ganado en los márgenes de la carretera, así que conviene conducir con calma.
Al llegar, lo mejor es aparcar cerca del centro y continuar a pie. En un lugar así, el ritmo lo marca el propio pueblo. Y suele ser lento.