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sobre Serradilla
En el corazón de Monfragüe; famoso por la imagen del Cristo de la Victoria y rutas senderistas
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A primera hora, cuando todavía no aprieta el calor, la plaza de Serradilla se despierta despacio. Alguna persiana sube con un golpe seco, se oye una silla arrastrarse sobre el suelo del soportal y las campanas de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción rompen el silencio de la mañana. El pueblo, con algo menos de 1.500 habitantes, se estira sobre una loma rodeada de encinas y arroyos que solo llevan agua cuando el invierno ha sido generoso. En las calles aparecen fachadas encaladas, ventanas pequeñas y puertas de madera ya oscurecidas por los años.
Serradilla queda a unos 412 metros de altitud, en una zona donde la dehesa extremeña empieza a ondular antes de llegar a las sierras de las Villuercas. Pero sobre todo vive de su relación con el Parque Nacional de Monfragüe, que queda muy cerca. Desde aquí se llega en pocos minutos por carretera, algo que muchos aprovechan para entrar al parque temprano y volver al pueblo cuando el sol ya cae.
Un pueblo pegado a Monfragüe
La cercanía con Monfragüe se nota incluso desde los alrededores del casco urbano. No es raro ver buitres negros planeando muy alto, dibujando círculos lentos sobre las encinas. Al amanecer o al final de la tarde, cuando el aire se enfría, aparecen también cigüeñas negras y alguna rapaz grande que cruza el cielo hacia el parque.
Los caminos que salen del pueblo se adentran en la dehesa entre muros bajos de piedra y fincas abiertas. Son recorridos tranquilos, más de caminar sin prisa que de hacer grandes distancias. Conviene llevar agua casi todo el año: el sol aquí cae vertical a partir del mediodía y hay pocos tramos con sombra.
La Plaza Mayor y las calles que bajan hacia la dehesa
El centro de Serradilla gira alrededor de la Plaza Mayor, un espacio rectangular con soportales que dan sombra en verano. A ciertas horas del día se forman pequeños corrillos de vecinos que comentan las noticias del pueblo mientras pasa algún coche despacio.
Frente a la plaza se levanta la iglesia parroquial. El edificio empezó a levantarse entre los siglos XV y XVI y su torre, sobria y sin demasiados adornos, sirve de referencia desde casi cualquier calle. Dentro se conservan retablos barrocos y una imagen de la Virgen muy ligada a las celebraciones locales.
Desde la plaza salen varias calles que descienden hacia las afueras del pueblo. En ellas aparecen balcones con hierro oscuro, macetas colgadas y portales amplios donde a veces se guardan aperos de campo. En Serradilla todavía se mezclan bastante la vida del pueblo y el trabajo agrícola.
Caminos entre encinas y restos de antiguos molinos
En los alrededores quedan restos de molinos hidráulicos que aprovechaban pequeños cursos de agua. Muchos están medio ocultos entre jaras y zarzas, con muros de piedra que se van deshaciendo poco a poco. No siempre es fácil localizarlos sin conocer la zona, pero aparecen de vez en cuando al seguir arroyos o senderos antiguos.
La dehesa que rodea Serradilla cambia mucho según la estación. En otoño el suelo se cubre de hojas secas y bellotas; en primavera la hierba crece alta entre las encinas y el aire huele a tomillo cuando aprieta el sol.
Fiestas que siguen marcando el calendario
Las celebraciones principales suelen concentrarse en agosto, cuando muchos vecinos que viven fuera regresan al pueblo. Durante esos días hay procesiones, música en la calle y reuniones largas en la plaza hasta bien entrada la noche.
También se mantiene la celebración de San Isidro en mayo, muy vinculada al campo. Tradicionalmente se bendicen los campos y se organizan encuentros alrededor de las labores agrícolas, algo que aquí todavía forma parte del día a día.
La Semana Santa se vive con un ritmo más contenido. Las procesiones recorren las calles del centro acompañadas por cantos religiosos que muchos vecinos conocen desde niños.
Cuándo venir y qué tener en cuenta
Primavera y principios de otoño suelen ser los momentos más llevaderos para caminar por los alrededores de Serradilla. El campo está más verde y las temperaturas permiten moverse a cualquier hora.
En verano el calor aprieta fuerte desde media mañana. Si se quiere salir a andar, conviene hacerlo muy temprano o al final de la tarde. En invierno, cuando llueve varios días seguidos, algunos caminos de tierra se vuelven resbaladizos.
Serradilla no es un lugar de grandes monumentos ni de calles llenas de tiendas. Tiene más que ver con otra cosa: el sonido de los cencerros a lo lejos, el vuelo lento de los buitres sobre la dehesa y esa calma de los pueblos que siguen viviendo a su propio ritmo, a pocos kilómetros de Monfragüe.