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sobre Eljas
Pueblo de 'A Fala' con un castillo fronterizo y calles empinadas llenas de historia
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Entre las ondulaciones de la Sierra de Gata, a unos 640 metros de altitud, Eljas se asoma a los valles como quien no quiere llamar la atención. Con 876 habitantes, mantiene ese pulso tranquilo de los pueblos de sierra: calles empedradas, casas de pizarra y granito, balcones de madera y una vida que va a su ritmo.
El casco se adapta a la ladera y regala buenas vistas hacia los castañares, robledales y olivares que lo rodean. Es un lugar para caminar sin prisa, mirar detalles de arquitectura popular y salir a los alrededores a respirar monte.
Qué ver en Eljas
La Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción marca la silueta del pueblo. Se atribuye al siglo XVI y conserva elementos góticos tardíos; en el interior se mencionan retablos barrocos y tallas de tradición devocional.
El casco histórico se disfruta a pie: callejuelas que suben y bajan, muros de mampostería, solanas y rincones donde la pizarra manda. Las calles que caen hacia el valle son las más fotogénicas, con casas que parecen encajadas en la pendiente.
En el entorno natural mandan los castaños (especialmente vistosos en otoño), además de robles, dehesas y olivares. También hay fuentes en las inmediaciones, puntos de agua usados tradicionalmente por los vecinos.
Qué hacer
Hay opciones de senderismo por caminos que enlazan con aldeas próximas y atraviesan arroyos y manchas de bosque. Se cita la Ruta de los Molinos, con antiguos molinos harineros ligados al agua.
La zona se presta a la observación de aves (rabilargo, águila calzada y pequeños paseriformes). En mesa, el recetario local gira en torno a castañas, setas, miel, aceite y elaboraciones de matanza.
Si solo tienes 2 horas
- Vuelta a pie por el casco histórico, buscando las calles en pendiente hacia el valle.
- Parada en la iglesia (si está abierta).
- Asómate a algún mirador natural a la salida del pueblo para llevarte la foto del valle y los castañares.
Errores típicos
- Ir con prisas: el pueblo se entiende caminando despacio y callejeando.
- Calzado inadecuado: el empedrado y las cuestas pasan factura.
- Subestimar el fresco: al caer la tarde, incluso fuera del invierno, se nota la altitud.
Mejor época
El otoño luce especialmente por el color de los castaños. Primavera funciona bien para caminar y ver el monte con más vida. Si no llevas bien el calor, conviene evitar las horas centrales de los días más duros de verano.