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sobre Santibáñez el Alto
Pueblo fortaleza en la cima de la sierra con castillo y vistas panorámicas al embalse
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Encaramado a unos 650 metros de altitud en la Sierra de Gata, Santibáñez el Alto es un pueblo pequeño y sereno, de esos que se recorren despacio. Con unos 342 habitantes, conserva bien la arquitectura serrana: piedra, madera de castaño y cubiertas de pizarra, todo muy integrado en la ladera.
Declarado Conjunto Histórico-Artístico, el casco urbano se despliega en cuesta, con calles empedradas y varias casas blasonadas que recuerdan un pasado más próspero. A poco que te asomes en una esquina, aparecen vistas abiertas hacia los valles con robles, castaños y alcornoques.
Qué ver
- Casco histórico: un paseo por sus callejas empedradas basta para entender la personalidad del pueblo. Fíjate en dinteles, escudos y balconadas.
- Plaza Mayor: punto de encuentro y buen lugar para orientarse antes de subir o bajar por el entramado de calles.
- Iglesia Parroquial de San Benito: de origen medieval, con torre campanario. Si está abierta, merece la pena entrar con calma.
- Entorno natural: en los alrededores hay bosques de castaños especialmente vistosos en otoño.
Qué hacer
- Senderismo: desde el pueblo salen caminos hacia castañares y dehesas, con opciones cortas y otras que enlazan con localidades cercanas de la Sierra de Gata.
- Gastronomía serrana: castañas, setas, miel y embutidos marcan la despensa local; según temporada, también aparecen platos tradicionales como migas o cabrito.
- Fotografía: piedra, pizarra y panorámicas; la luz de primera hora y del atardecer suele favorecer.
Si solo tienes 2 horas
- Vuelta completa por el casco histórico (sin prisa, buscando detalles en fachadas y portadas).
- Parada en la Plaza Mayor.
- Subida a la iglesia y paseo por las calles más altas para disfrutar de las vistas al valle.
Errores típicos
- Llegar con prisa: aquí el atractivo está en caminar despacio y aceptar las cuestas.
- Calzado inadecuado: el empedrado y los desniveles se notan.
- Ir a mediodía en verano: conviene reservar las cuestas para horas más frescas.