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sobre Albalá
Municipio situado en la penillanura cacereña famoso por sus ferias de ganado y tradición chacinera; entorno de encinas y alcornoques
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En la Sierra de Montánchez, Albalá es un pueblo pequeño y tranquilo, de esos en los que se camina despacio y se escucha más campo que tráfico. Entre encinas, muros de piedra y fachadas encaladas, el casco urbano conserva una imagen muy reconocible de la Extremadura interior.
Qué ver en Albalá
El punto principal es la iglesia parroquial, que marca el perfil del pueblo con su torre y sus muros de piedra. A partir de ahí, lo mejor es pasear sin prisa: calles con tramos empedrados, casas de mampostería y granito, y algún que otro patio asomando con macetas y plantas aromáticas.
En cuanto sales del casco urbano aparece la dehesa, con encinas y monte bajo (jaras, retamas y aromáticas). Tras las lluvias se forman arroyos estacionales y el paisaje cambia mucho de una estación a otra.
Qué hacer
Las rutas por los caminos de alrededor permiten caminar entre dehesa y lomas suaves. En otoño, la zona suele atraer a quienes salen a buscar setas: conviene informarse bien de la normativa y respetar fincas y cerramientos.
En mesa, mandan los sabores de siempre: productos de matanza, quesos de cabra y guisos de cocina casera cuando aprieta el fresco.
Fiestas y tradiciones
Hay fiestas patronales en agosto, y celebraciones de Semana Santa. También se mantiene San Antón en enero, con la tradicional bendición de animales.
Si solo tienes 2 horas
- Vuelta a pie por el casco antiguo, fijándote en la piedra y los detalles de las fachadas.
- Parada en la iglesia y paseo corto hacia las afueras para asomarte a la dehesa.
Mejor época
Primavera y otoño suelen dar las temperaturas más llevaderas para caminar y ver el campo con más vida. En verano, mejor evitar las horas centrales del día si vas a salir por caminos.