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sobre Alcuéscar
Localidad de paso en la Vía de la Plata con una importante basílica visigoda en sus cercanías; tradición agrícola y cruce de caminos
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Alcuéscar aparece en mitad de la Vía de la Plata, entre Cáceres y Mérida. El paisaje manda: dehesa abierta, encinas dispersas y caminos que siguen trazados muy antiguos. El peregrino que llega andando lo nota enseguida. El firme cambia y el Camino se mete en senderos de tierra entre fincas ganaderas.
El lugar tiene historia larga, aunque no siempre fácil de ordenar. El asentamiento actual suele relacionarse con una fundación andalusí de la Alta Edad Media. Más tarde pasó a manos cristianas durante el avance de los reinos del norte. Como en buena parte de esta zona, la Orden de Santiago acabó gestionando el territorio. De ese cruce de épocas sale el pueblo que hoy se ve.
El tiempo visigodo que aún se puede leer en la piedra
A unos tres kilómetros del casco urbano está la basílica de Santa Lucía del Trampal. El edificio se levantó en época visigoda, probablemente en el siglo VII. Es uno de los pocos templos de ese periodo conservados en el sur de la península.
La iglesia se construyó con una mezcla de ladrillo y piedra, algo habitual entonces. Tiene tres naves y una cabecera con varios espacios diferenciados. El interior es sobrio. Quedan restos de pintura mural y algunos elementos reaprovechados de edificios anteriores.
Su existencia indica que aquí hubo una comunidad cristiana organizada antes de la llegada islámica. También explica por qué el lugar siguió teniendo importancia después. Cuando estas tierras quedaron bajo control de la Orden de Santiago, el templo se mantuvo con reparaciones puntuales. El aislamiento ayudó a que no desapareciera.
Conviene ir con tiempo y mirar el edificio por fuera. La cabecera, con sus volúmenes escalonados, es donde mejor se entiende la arquitectura del conjunto.
De mazmorra a capilla
En el centro del pueblo, la iglesia de la Asunción ocupa uno de los puntos más altos. La fábrica actual se levantó entre los siglos XV y XVI, cuando Alcuéscar ya tenía cierta entidad dentro de la comarca.
El interior guarda un retablo barroco de interés moderado. Lo singular está a pocos metros. Allí se conserva una antigua mazmorra excavada en la roca, asociada al viejo sistema defensivo del lugar. Con el tiempo se transformó en una pequeña capilla dedicada a la Virgen de los Dolores.
El espacio es mínimo y húmedo. La piedra deja claro cuál fue su primer uso. La adaptación religiosa llegó después, cuando el pueblo necesitaba lugares de culto adicionales.
La tenca y las reuniones de mayo
En primavera suele celebrarse en Alcuéscar una feria dedicada a la tenca y al vino de la zona. La tenca es un pez de agua dulce muy presente en charcas y arroyos de Extremadura. En muchas casas se cocina a la brasa o guisada con ajos y laurel.
Durante esos días la plaza se llena de puestos y vecinos de la comarca. No es una feria sofisticada. Funciona más como encuentro local que como escaparate gastronómico.
Otra costumbre conocida es la chaquetía, el 1 de noviembre. Familias y cuadrillas preparan un guiso sencillo de patatas con productos de la matanza. Forma parte de las salidas al campo del Día de Todos los Santos.
La subida al Calvario
Al sur del pueblo se levanta la sierra del Centinela. Desde allí se domina buena parte del territorio que rodea Alcuéscar. El topónimo tiene sentido: estos cerros permitían vigilar los caminos que cruzaban la zona desde época antigua.
La ermita del Calvario está cerca de la cumbre. El camino asciende entre encinas y muros de piedra. La subida suele llevar algo menos de una hora andando.
Arriba se abre la vista de la dehesa: parcelas amplias, ganado y manchas de olivar. Con cielo despejado se distingue bastante terreno hacia el norte y el este. La ermita actual parece del siglo XVIII, pequeña y encalada.
El lunes de Pascua se celebra aquí la Jira. Los vecinos suben en grupo y pasan el día en el cerro.
Cómo llegar y cuánto tiempo dedicar
Alcuéscar queda a unos cuarenta minutos en coche de Cáceres. La carretera EX‑390 sigue en buena parte el corredor histórico de la Vía de la Plata.
No hay estación de tren y el transporte público es limitado, así que lo habitual es llegar en coche. El núcleo urbano se recorre en poco tiempo. La basílica de Santa Lucía del Trampal, algo apartada, justifica dedicar unas horas más.
Quien camina hacia Santiago suele detenerse aquí para sellar la credencial y descansar antes de continuar hacia el norte. La combinación de dehesa, arquitectura antigua y caminos históricos explica por qué este punto del itinerario tiene tanta presencia en la memoria de los peregrinos.