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sobre Botija
Conocida por el importante yacimiento arqueológico de Villasviejas del Tamuja de la Edad del Hierro
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El turismo en Botija tiene poco que ver con rutas muy señalizadas o con pueblos preparados para recibir visitantes. Este pequeño municipio de la Sierra de Montánchez, en Extremadura, se asienta en un paisaje de dehesa bastante continuo, con encinas dispersas y cercados ganaderos que se repiten durante kilómetros. Con algo menos de doscientos habitantes, el pueblo mantiene una escala muy reducida y una relación directa con el campo que sigue marcando el ritmo de la vida diaria.
Botija aparece en el mapa entre Cáceres y Montánchez, en una zona donde la dehesa ha condicionado todo: el uso de la tierra, la economía y también la forma del asentamiento. Encinas y alcornoques llevan aquí generaciones cumpliendo la misma función: sombra para el ganado, bellota para el cerdo ibérico y, en el caso del alcornoque, corcho cuando toca la saca. En otoño e invierno no es raro ver a los cerdos sueltos entre los árboles, una escena bastante habitual en esta parte de Extremadura.
La iglesia de Santa María y el trazado del pueblo
La iglesia parroquial de Santa María ocupa uno de los puntos centrales del núcleo. Su origen suele situarse en el siglo XVI, aunque el edificio ha tenido reformas posteriores. No es un templo grande ni especialmente ornamentado, algo bastante común en pueblos pequeños de la provincia: muros de piedra, una torre sencilla y un interior pensado más para el uso cotidiano que para el lucimiento artístico.
Alrededor de la iglesia se organiza buena parte del caserío. Las calles son estrechas y en algunos tramos aún conservan pavimento de piedra. Aparecen portones anchos que dan acceso a corrales, muros de granito y rejas de hierro en las ventanas. Muchas viviendas tienen patios interiores o dependencias que antiguamente servían para guardar animales o aperos. Son rasgos propios de una arquitectura muy vinculada al trabajo agrícola y ganadero.
Dehesa alrededor del pueblo
El paisaje que rodea Botija es el de la dehesa clásica extremeña: terreno ondulado, encinas separadas entre sí y fincas delimitadas por cercas de piedra o alambradas. No hay grandes pendientes, así que los caminos de tierra que salen del pueblo se pueden recorrer sin demasiada dificultad.
Según la época del año, el campo cambia bastante. En otoño, cuando cae la bellota, el movimiento principal lo marcan los cerdos ibéricos en montanera. En primavera aparecen hierbas y flores entre las encinas, y es frecuente ver rapaces pequeñas —cernícalos o milanos— aprovechando las corrientes de aire sobre los cercados.
En la zona sigue siendo habitual salir a buscar espárragos trigueros cuando empieza la primavera o setas después de las lluvias. No es una actividad organizada ni pensada para visitantes: forma parte de costumbres muy arraigadas en el campo extremeño.
Cocina ligada a la matanza
La cocina de Botija responde a lo que da la dehesa y a lo que tradicionalmente se ha criado en casa. El cerdo ibérico sigue siendo el centro de buena parte de la alimentación local, sobre todo en forma de embutidos y carnes curadas.
Platos como las migas o el calderete aparecen con frecuencia en reuniones familiares y fiestas. Son recetas de origen humilde, pensadas para aprovechar lo que había a mano: pan asentado, pimentón, carne o grasa del cerdo.
La matanza doméstica, aunque ya no es tan general como hace décadas, todavía se mantiene en algunas casas durante el invierno. Más que un evento público, suele ser un trabajo familiar en el que varias generaciones participan en el despiece y la preparación de chorizos, morcillas o lomos.
Celebraciones del calendario local
Las fiestas patronales dedicadas a Santa María suelen celebrarse en verano. En pueblos de este tamaño el programa es sencillo: actos religiosos, reuniones en la plaza y la vuelta de quienes viven fuera pero mantienen aquí la casa familiar.
La Semana Santa también se vive de manera sobria, con procesiones breves que recorren las calles del centro. Son celebraciones muy ligadas a los propios vecinos, más que a un calendario pensado para atraer gente de fuera.
Cómo llegar y cuándo acercarse
Botija se encuentra a unos cuarenta minutos en coche de Cáceres, en dirección a la sierra de Montánchez, por carreteras comarcales que atraviesan dehesas bastante abiertas.
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradecidos para recorrer el entorno a pie o en coche. En primavera el campo está más verde y aparecen flores en los claros de la dehesa; en otoño comienza el periodo de la bellota y el movimiento del ganado se hace más visible.
El pueblo es pequeño y se recorre en poco tiempo. Quien se acerque conviene que lo haga con esa idea: más que un destino con muchos puntos concretos que ver, Botija sirve para entender cómo funciona todavía una parte de la Extremadura rural.