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sobre Navas del Madroño
Pueblo de la penillanura con arquitectura de chimeneas grandes y entorno ganadero
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El turismo en Navas del Madroño suele empezar entendiendo el paisaje que rodea al pueblo. La localidad se asienta en la comarca Tajo‑Salor, un territorio de dehesas abiertas donde encinas, alcornoques y madroños aparecen mezclados desde hace siglos. De hecho, el propio nombre del municipio alude a este arbusto, bastante presente en los alrededores y tradicionalmente aprovechado para licores caseros y otros usos domésticos. Navas del Madroño queda algo al margen de los itinerarios más transitados de Extremadura, y quizá por eso conserva un ritmo cotidiano bastante reconocible.
Una plaza que creció sin plano
El centro del pueblo se organiza alrededor de la Plaza Mayor, un espacio irregular que no responde al modelo cuadrado tan común en otras localidades castellanas. Aquí la plaza se fue adaptando al terreno y a las construcciones que iban apareciendo, más que al revés.
El ayuntamiento se levanta sobre una arquería de granito que tradicionalmente ha servido de refugio en días de mercado o de lluvia. La estructura se sitúa en torno al siglo XVII, aunque el edificio ha tenido reformas posteriores. Los arcos no siguen una simetría estricta; es uno de esos casos en los que la función manda más que la composición.
Desde la plaza parte la calle Real, que conduce hacia la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la O. El templo actual corresponde sobre todo al siglo XVIII. La advocación tiene que ver con las antiguas antífonas de Adviento —las llamadas “antífonas de la O”— que se cantaban en los días previos a Navidad. En el interior hay un retablo mayor barroco con varias tallas que ayudan a entender la religiosidad popular de la zona más que el gusto monumental.
La ermita de Santo Domingo
A las afueras, en dirección a Brozas, se encuentra la ermita de Santo Domingo de Guzmán. Es un edificio sencillo, levantado con mampostería y algunos refuerzos de sillarejo, una técnica muy habitual en las ermitas rurales de Extremadura a partir del siglo XVI.
La presencia de esta advocación no implica que el santo estuviera aquí. Más bien refleja la expansión de la devoción dominica durante los procesos de reorganización del territorio tras la repoblación medieval.
La romería vinculada a la ermita suele celebrarse en torno al Domingo de Resurrección. Ese día el paraje se llena de familias que pasan la jornada en el campo, algo muy arraigado en los pueblos de esta parte de Cáceres cuando llega la primavera.
La Ruta de las Chimeneas
Desde Navas del Madroño parte la llamada Ruta de las Chimeneas, un itinerario que enlaza con localidades cercanas como Brozas, Arroyo de la Luz o Malpartida de Cáceres siguiendo antiguos caminos ganaderos.
El nombre recuerda a las chimeneas industriales que aún pueden verse en algunos tramos. Son restos de pequeñas fábricas textiles del siglo XIX, vinculadas al trabajo del lino y la lana. Hoy quedan sobre todo estructuras en ruina, pero ayudan a recordar que la economía local no siempre estuvo centrada únicamente en la ganadería.
El camino atraviesa dehesas donde pastan reses y, según la época, también cerdos ibéricos. No es raro cruzarse con fauna salvaje si se camina con calma. En primavera el paisaje cambia bastante: el sotobosque se llena de flores y el campo tiene ese verde intenso que dura pocas semanas en Extremadura.
El agua en el territorio
A unos kilómetros, ya en el término de Brozas, se encuentra el balneario de San Gregorio. Sus aguas se conocen desde hace mucho tiempo y probablemente ya fueron utilizadas en épocas antiguas, aunque la explotación termal más organizada llegó bastante después. Tradicionalmente la gente de los pueblos cercanos acudía a estas aguas con fines terapéuticos.
En Navas del Madroño el agua también ha sido un recurso importante. El manantial que abastece al municipio ha permitido mantener el suministro incluso en veranos secos, algo que en zonas de dehesa siempre ha tenido bastante valor.
Cocina ligada a la dehesa
La cocina local responde a lo que da el entorno. Pan, carne de cordero, cerdo ibérico y productos de matanza siguen marcando muchas recetas.
Las migas aparecen con frecuencia en reuniones familiares o jornadas de campo. También es habitual la caldereta de cordero, preparada a fuego lento en celebraciones y encuentros colectivos. En dulces, se mantienen recetas tradicionales como pestiños, roscas de vino u hornazos que suelen verse en ferias y fiestas del calendario local.
Cómo llegar y cuándo pasar
Navas del Madroño está a unos tres cuartos de hora en coche de Cáceres por la EX‑390, una carretera comarcal que atraviesa dehesas y pequeñas fincas ganaderas.
El pueblo puede recorrerse en poco tiempo: la plaza, la iglesia y algunas calles cercanas concentran la mayor parte del interés histórico. Desde allí resulta fácil acercarse a la ermita o salir a caminar por los caminos que rodean el término.
La primavera y el otoño suelen ser los momentos más agradables para moverse por la zona, cuando las temperaturas permiten caminar por la dehesa sin el calor fuerte del verano. El invierno es más tranquilo, con días de niebla que cambian bastante el aspecto de la plaza y del paisaje alrededor.