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sobre Calera de León
Joya histórica en la sierra de Tentudía; alberga el Monasterio de Tentudía en la cima más alta de la provincia y el Conventual santiaguista en el pueblo
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Hablar de turismo en Calera de León obliga primero a mirar el territorio. El pueblo se sitúa en la comarca de Tentudía, al sur de la provincia de Badajoz, a unos 700 metros de altitud. Alrededor se extiende una dehesa amplia de encinas y alcornoques que lleva siglos organizada para el aprovechamiento ganadero. Esa relación con el monte explica buena parte de su historia.
El nombre del lugar remite a otra actividad hoy desaparecida: la producción de cal. Durante generaciones se extrajo y coció piedra caliza en hornos repartidos por el término. Quedan restos dispersos y, sobre todo, el recuerdo de un oficio que marcó la economía local. El caserío actual es sobrio y ordenado, con calles que desembocan pronto en campo abierto.
La huella de la cal en el pueblo
El centro urbano se articula alrededor de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Gracia. El edificio se levanta en el siglo XVI y ha pasado por varias reformas posteriores, especialmente en el XVIII. No es un templo monumental, pero sí representativo de la arquitectura religiosa de la zona. Su posición, ligeramente elevada, permite entender cómo se organizaba el caserío y las entradas al pueblo.
Las calles cercanas conservan casas encaladas con rejas de hierro y patios interiores. En muchas se mantiene la distribución tradicional: fachada sencilla, dependencias hacia el patio y espacios destinados al trabajo doméstico o ganadero. Algunas viviendas se han restaurado en los últimos años; otras conservan un aspecto más cercano al que debieron de tener hace décadas.
A cierta distancia del núcleo aparece la ermita de San Sebastián, una construcción modesta ligada a la devoción popular. Desde allí el paisaje se abre hacia la dehesa.
Dehesas en uso, no paisaje decorativo
El entorno de Calera de León responde al modelo clásico de dehesa del suroeste peninsular. Encinas y alcornoques espaciados, pastos naturales y cercas que delimitan fincas ganaderas. No es un paisaje pensado para el paseo, sino un espacio de trabajo que sigue activo.
En estas fincas es habitual ver ganado vacuno, ovejas y cerdo ibérico. Los caminos de tierra que conectan unas zonas con otras coinciden en parte con senderos que hoy se utilizan para recorrer el término. Al caminar por ellos conviene recordar que atraviesan propiedades en explotación.
Entre esos recorridos aparecen restos de antiguos hornos de cal. Son estructuras sencillas, de piedra, donde se cocía la caliza durante días. Suelen pasar desapercibidas si no se sabe qué buscar, pero ayudan a entender de dónde procede el nombre del pueblo.
Productos ligados al campo
La economía local sigue muy vinculada al aprovechamiento de la dehesa. De ahí salen jamones y embutidos de cerdo ibérico, quesos de cabra, miel procedente de floraciones de monte y aceite de oliva producido en la comarca. No se trata de una industria grande; buena parte de la producción sigue en manos de pequeños productores.
En otoño es habitual que vecinos y aficionados salgan al monte en busca de setas. Como ocurre en muchas zonas de dehesa, conviene conocer bien el terreno y las especies antes de recoger nada.
Fiestas y calendario local
Las celebraciones mantienen un carácter principalmente vecinal. En agosto se celebran las fiestas patronales dedicadas a Nuestra Señora de Gracia, con actos religiosos y actividades organizadas por el propio municipio.
En enero se recuerda a San Sebastián. La jornada suele girar en torno a una hoguera y a encuentros entre vecinos. También se celebran ferias vinculadas al ganado, que recuerdan el peso histórico de la actividad ganadera en esta parte de Tentudía.
Cuándo acercarse
La primavera y el otoño suelen ser las épocas más cómodas para recorrer la zona. Las temperaturas son más moderadas y el campo cambia bastante de aspecto entre una estación y otra. En verano el calor puede ser intenso y en invierno las noches resultan frías, algo habitual en pueblos situados a esta altitud.
Calera de León se visita en poco tiempo. Lo más interesante está en entender cómo el pueblo se relaciona con la dehesa que lo rodea y con los oficios que durante siglos sostuvieron a sus habitantes.