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sobre Segura de León
Pueblo serrano coronado por uno de los castillos mejor conservados (hotel y visitas); famoso por sus capeas tradicionales
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Situado a unos 700 metros de altitud en la sierra de Tentudía, Segura de León se asienta en una zona que durante siglos funcionó como franja de control entre territorios. Hoy ronda los 1.700 habitantes y mantiene un trazado compacto, con calles que suben hacia el cerro donde se levanta el castillo. Esa disposición no es casual: responde a un tiempo en el que vigilar el territorio era una necesidad cotidiana.
El castillo domina todo el conjunto urbano. La fortaleza se levantó tras la conquista cristiana del territorio en el siglo XIII y quedó vinculada a la Orden de Santiago, que organizó gran parte de esta zona del sur de Badajoz. Desde aquí se controlaban caminos que comunicaban la actual Extremadura con Andalucía. La estructura que se ve hoy corresponde a varias fases constructivas; aun así, basta subir hasta el recinto para entender la lógica del lugar: alrededor se abre la dehesa, con lomas suaves que permiten ver a bastante distancia.
El paisaje que rodea al pueblo es el habitual de Tentudía: encinas y alcornoques dispersos, olivares viejos y praderas dedicadas al ganado. No hay grandes pendientes ni relieves abruptos. Son colinas suaves, con caminos rurales que enlazan fincas, charcas y antiguos cortijos. Es un territorio trabajado durante generaciones para la ganadería extensiva, sobre todo ligada al cerdo ibérico.
Patrimonio y arquitectura: lo que cuenta el casco urbano
El centro del pueblo conserva bien su escala tradicional. Calles estrechas, algunas con bastante pendiente, conducen hacia la parte alta donde se encuentran el castillo y la iglesia parroquial.
La iglesia de Santa María Magdalena tiene origen medieval, aunque el edificio actual recoge reformas posteriores. En su arquitectura conviven elementos góticos con añadidos de época renacentista. La torre, visible desde distintos puntos del término, sigue siendo una referencia clara cuando uno se mueve por las calles del casco antiguo.
Las casas responden al modelo serrano de la zona: muros de mampostería, cubiertas de teja y fachadas encaladas. Muchas mantienen portadas de piedra y patios interiores que servían tanto para la vida doméstica como para pequeñas tareas agrícolas o ganaderas. Los balcones de hierro y las chimeneas grandes hablan de inviernos fríos y de una economía muy ligada al campo.
La dehesa alrededor del pueblo
A poca distancia del casco urbano comienza la dehesa. No es un paisaje espectacular en el sentido montañoso del término, pero sí muy representativo del suroeste peninsular. Encinas bien separadas, pastos abiertos y cercas de piedra o alambrada que delimitan las fincas.
Los caminos rurales permiten recorrer estos alrededores caminando o en bicicleta, siempre teniendo en cuenta que muchos atraviesan propiedades privadas dedicadas al ganado. A primeras horas del día no es raro ver movimiento de fauna —sobre todo aves— y, dependiendo de la época, también actividad en torno al campo: manejo de ganado, labores en los olivares o recogida de aceituna.
Vida cotidiana y cocina de la zona
La cocina local depende en gran medida de lo que produce la dehesa. El cerdo ibérico ocupa un lugar central, tanto en embutidos como en guisos tradicionales. En las casas siguen siendo habituales platos como las migas o distintas recetas ligadas a la matanza, que todavía se mantiene en algunas familias durante el invierno.
En primavera aparecen productos silvestres muy ligados a la cocina doméstica, como los espárragos trigueros. En otoño, si el año viene húmedo, también es temporada de setas en algunas zonas de la sierra.
Más que una escena gastronómica pensada para el visitante, lo que hay es cocina de pueblo, la que se ha hecho siempre en esta parte de Badajoz.
Fiestas y calendario local
Las fiestas patronales en honor a Santa María Magdalena se celebran en verano y concentran buena parte del ambiente del año. Son días en los que el pueblo se llena más de lo habitual, porque mucha gente que vive fuera vuelve para reunirse con la familia.
También siguen presentes tradiciones muy vinculadas al ciclo rural. La matanza del cerdo, que suele hacerse en los meses fríos, continúa siendo un momento de trabajo colectivo en muchas casas. En primavera aparecen las cruces de mayo en algunas calles, y en otoño el ritmo lo marca la recogida de aceituna en los olivares del entorno.
Algunas notas prácticas
El pueblo se recorre caminando sin dificultad, aunque conviene contar con cuestas si se sube hacia la zona del castillo. Desde la parte alta hay buenas vistas de la sierra de Tentudía y de la dehesa que rodea el término.
Si se quiere caminar por los alrededores, lo más sensato es seguir caminos rurales ya utilizados por vecinos o rutas locales de la comarca. El terreno es amable y permite paseos largos sin grandes desniveles, sobre todo en primavera y otoño, cuando el clima suele acompañar.