Artículo completo
sobre La Codosera
Municipio fronterizo con Portugal rodeado de naturaleza exuberante; famoso por el Santuario de Chandavila y sus piscinas naturales
Ocultar artículo Leer artículo completo
A primera hora de la tarde, cuando el sol empieza a caer hacia el oeste, el aire de La Codosera huele a hierba seca y a tierra removida. Algún coche pasa despacio por la travesía y enseguida vuelve el silencio. En el turismo en La Codosera no hay grandes gestos: lo que manda es el ritmo del campo, las dehesas abiertas y esa frontera con Portugal que aquí se cruza casi sin darse cuenta.
El pueblo se asienta a unos 355 metros de altitud, rodeado de encinas y parcelas de cultivo. Las casas son bajas, muchas con patios interiores y muros gruesos que guardan el fresco en verano. No hay un casco antiguo compacto como en otras localidades; más bien un entramado de calles tranquilas donde la vida sigue ligada a las huertas cercanas y al ganado que se mueve por las fincas de alrededor.
La frontera portuguesa está tan integrada en la vida diaria que apenas se percibe como límite. Hay familias a ambos lados, acentos mezclados y costumbres que pasan de un país a otro con naturalidad. En algunos balcones todavía se ven rejas antiguas y muros de granito que recuerdan épocas en las que el intercambio con las aldeas portuguesas cercanas era parte del día a día.
La iglesia y las ermitas que marcan el perfil del pueblo
La iglesia parroquial de San Pedro Apóstol sobresale entre las casas. Su construcción suele situarse en el siglo XVI y conserva una torre de piedra que se ve desde varios puntos del pueblo. Dentro, el ambiente es sobrio: retablos barrocos, madera oscura y esa penumbra fresca que se agradece cuando fuera aprieta el calor.
En un alto cercano está la ermita de San Sebastián. La subida es corta —unos diez minutos caminando— por un sendero sencillo entre muros de piedra y vegetación baja. Desde allí arriba el paisaje se abre: dehesas salpicadas de encinas, cercas ganaderas y, en días claros, una sucesión de lomas que continúan hacia Portugal.
Por el centro aún aparecen algunas casas grandes de los siglos XVII y XVIII. No llaman la atención a primera vista, pero si te fijas verás portadas de granito bien trabajadas y balcones de hierro que hablan de un tiempo en que el comercio fronterizo tenía bastante movimiento.
Dehesa y caminos alrededor del pueblo
El entorno de La Codosera es, sobre todo, dehesa. Encinas separadas entre sí, pastos abiertos y arroyos que en invierno llevan agua suficiente como para llenar las cunetas de verde. No es un paisaje preparado para visitantes; sigue siendo terreno de trabajo, con ganado moviéndose entre cercas y tractores que aparecen por los caminos.
Desde el pueblo salen varios caminos rurales que permiten caminar sin demasiada dificultad. Algunos siguen el curso de pequeños arroyos y otros atraviesan fincas donde todavía se ven restos de antiguos molinos harineros. No están restaurados ni señalizados como monumentos; quedan como ruinas discretas, medio cubiertas de vegetación.
Si vas a recorrerlos, conviene evitar las horas centrales del verano. El sol cae fuerte y hay muy poca sombra fuera de las encinas grandes. En cambio, a finales de invierno y en primavera el campo cambia por completo: hierba alta, flores silvestres y mucha actividad de aves.
Comer como se come en el campo
La cocina local gira alrededor del cerdo ibérico y de lo que da la huerta. Migas, guisos contundentes y embutidos que suelen venir de matanzas familiares. No hay una oferta muy amplia; lo habitual es encontrar platos sencillos y raciones generosas.
También es frecuente el queso de la zona, elaborado con leche de oveja o de mezcla, que suele aparecer tanto en tapas como al final de la comida.
Un pueblo que mira a dos países
La cercanía con Portugal forma parte del carácter del lugar. Cruzar al otro lado es cuestión de pocos kilómetros y muchos vecinos lo hacen con naturalidad para compras o visitas familiares. Cambian algunos horarios, cambia el idioma en los carteles, pero el paisaje sigue siendo el mismo: dehesa, pequeñas aldeas y carreteras tranquilas.
Fiestas y costumbres que siguen presentes
Las celebraciones locales siguen muy ligadas al calendario religioso y agrícola. A finales de junio se celebran las fiestas de San Pedro, con procesiones y actividades en las calles del pueblo. En verano también se organizan festejos en torno a San Sebastián, vinculados a la ermita situada en el cerro cercano.
En invierno todavía se mantiene en algunas casas la matanza tradicional del cerdo. No es un evento público ni turístico; ocurre puertas adentro, entre familiares. Aun así, sigue siendo una de esas costumbres que explican bien cómo se ha organizado la vida en esta zona durante generaciones.
Cómo llegar a La Codosera
La Codosera está a unos 80 kilómetros de Badajoz capital. El acceso más habitual es por la carretera EX-110 hacia el norte. El trayecto ronda una hora en coche y atraviesa un paisaje cada vez más abierto, con encinas dispersas y fincas ganaderas que anuncian que la frontera portuguesa está cerca.