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sobre Santa Marta
Localidad de Tierra de Barros con tradición minera y agrícola; destaca por su iglesia y ambiente dinámico
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El turismo en Santa Marta se entiende mejor si se mira primero el paisaje que lo rodea. El municipio está en Tierra de Barros, una comarca marcada por suelos arcillosos muy fértiles que durante siglos han sostenido viñas, olivares y cereal. Ese “barro” rojizo —que da nombre a toda la zona— explica tanto la economía agrícola como buena parte de la arquitectura tradicional: muros gruesos, encalados, pensados para resistir veranos largos y secos.
Santa Marta es un pueblo de tamaño medio dentro de la comarca. No tiene la monumentalidad de otras localidades cercanas, pero sí conserva esa estructura de calles amplias y casas bajas que se fue consolidando entre los siglos XVI y XVIII, cuando la agricultura de secano fijó definitivamente el asentamiento.
La parroquia y el centro del pueblo
La iglesia parroquial de Santa Marta organiza el casco histórico. El edificio actual se levantó en el siglo XVI, con reformas posteriores que modificaron partes del interior. La portada mantiene un lenguaje gótico tardío bastante sobrio, algo frecuente en las iglesias rurales de la Baja Extremadura de esa época.
Dentro predominan añadidos posteriores, fruto de ampliaciones y reparaciones acumuladas durante siglos. Más que una pieza monumental aislada, la iglesia funciona como referencia espacial: la plaza, las calles que salen de ella y buena parte de la vida cotidiana del pueblo siguen girando alrededor de este punto.
Alrededor aparecen varias casas de dos alturas con balcones de hierro y portadas amplias pensadas para carros y labores agrícolas. Son construcciones sencillas, pero ayudan a entender cómo funcionaba el pueblo cuando casi todo dependía del campo.
Tierra de viñas
En Santa Marta la agricultura sigue marcando el ritmo del año. La comarca de Tierra de Barros es una de las principales zonas vitivinícolas de Extremadura, y gran parte del término municipal está ocupado por viñedo. En vendimia es cuando mejor se entiende el paisaje: tractores entrando y saliendo del pueblo, remolques cargados de uva y cooperativas trabajando a pleno rendimiento.
Ese mismo suelo arcilloso que da nombre a la comarca también se utilizó tradicionalmente para tejas, ladrillos y otros materiales de construcción. No es raro ver en las afueras antiguas instalaciones relacionadas con esos oficios, hoy en muchos casos ya abandonadas.
Fiestas y cocina de casa
Las celebraciones locales siguen muy ligadas al calendario tradicional. En invierno suelen encenderse hogueras en torno a la festividad de las Candelas, una costumbre bastante extendida en esta parte de Extremadura: sarmientos de viña, reuniones en la calle y comida preparada en casa.
En las cocinas aparecen platos contundentes, propios de una comarca agrícola. Los garbanzos preparados de distintas formas, las carnes guisadas y los embutidos forman parte del repertorio habitual. Son recetas que se repiten en muchas casas y que cambian poco de una generación a otra.
Cómo acercarse
Santa Marta está en el centro de Tierra de Barros y se llega por carretera desde varias localidades de la comarca y desde Badajoz. El pueblo se recorre caminando sin dificultad: desde la plaza y la iglesia se entienden bien sus calles principales.
Para quien tenga interés en el paisaje agrícola de la zona, basta con salir unos minutos hacia las carreteras secundarias. Los viñedos y las suaves ondulaciones del terreno explican bastante bien por qué esta comarca ha vivido del campo durante siglos.