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sobre Solana de los Barros
Municipio agrícola situado en la vega del Guadajira; destaca por sus cultivos de vid y olivo
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Si vienes a Solana de los Barros, aparca cerca de la plaza Mayor o en las calles de alrededor. A mediodía hay algo de sombra y se camina bien desde ahí. El pueblo no es grande. En una vuelta tranquila ves el centro sin problema.
Lo que sobrevive del imperio
La iglesia de Santa María Magdalena es lo que más pesa en el perfil del pueblo. Muros gruesos, torre cuadrada, aspecto más defensivo que decorativo. Desde fuera parece casi un bloque de piedra.
Dentro no hay grandes sorpresas. La pila bautismal del siglo XVI suele mencionarse como la pieza más antigua. En los libros parroquiales aparecen registros muy tempranos del pueblo moderno. Entre ellos hay referencias a personas esclavizadas, algo que en esta zona fue relativamente habitual durante siglos. Los archivos locales hablan de varios casos ligados a grandes propietarios de la época.
A unos dos kilómetros del casco urbano se citan restos romanos: antiguas villas rurales en parajes como Los Castillejos o Panes Perdidos. No están señalizados y lo que queda son cimientos dispersos entre tierras de cultivo. Si preguntas a gente del pueblo te orientan rápido.
También se menciona a menudo La Pijotilla, un yacimiento prehistórico importante en Tierra de Barros. Parte sigue sin excavarse. Sobre el terreno verás sobre todo elevaciones suaves y campos abiertos. Hay que venir sabiendo lo que fue, porque lo visible es poco.
Cocido y cardo
La comida aquí sigue siendo de olla y fuego lento. La caldereta de cordero suele aparecer los domingos o en reuniones familiares.
También se ven platos de cuchara con cardo, garbanzos y carne. Las migas tiran de pan asentado, ajo y torreznos. Nada raro en la zona.
En invierno todavía se prepara un gazpacho caliente hecho con pan, tomate, pimentón y caldo fuerte. Llena más que cualquier tapa. Y lo normal es acompañarlo con vino de Tierra de Barros. Estás en zona de viña; lo lógico es beber lo que sale de aquí.
Fiesta y despoblación
San Isidro, a mediados de mayo, suele mover tractores y romerías por los alrededores. En julio llegan las fiestas de Santa María Magdalena y vuelve gente que vive fuera durante el año.
El calendario también pasa por Santa Rita y la Virgen de la Soledad, celebraciones más ligadas a ermitas y campo. Las fiestas duran lo justo: un par de días de música, fuegos en el llano y poco más. Después el pueblo vuelve al ritmo normal.
Los censos antiguos muestran subidas y bajadas fuertes de población. Como en muchos pueblos de la comarca, mucha gente trabaja fuera o en el campo y vuelve a dormir. El crecimiento reciente se nota sobre todo en las afueras, donde antes había olivares o viña.
Consejo de sobreviviente
Ven en otoño o en invierno suave. La campiña de Tierra de Barros se ve mejor entonces y el calor no aprieta tanto.
En agosto el sol cae fuerte y apenas hay sombra. Y trae calzado cómodo: varias calles siguen con empedrado irregular.
Si buscas grandes monumentos, este no es el sitio. Aquí lo que hay son restos, archivos y campo alrededor. Si te interesa la historia rural de la zona, merece parar un rato. Si no, se ve rápido y sigues ruta por Tierra de Barros.