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sobre Carmonita
Pequeño municipio rodeado de dehesas de alcornoques; lugar de paso de la Vía de la Plata con ambiente tranquilo y rural
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A media mañana, cuando el sol ya cae de frente sobre las paredes encaladas, Carmonita se queda casi en silencio. Solo se oye alguna puerta que se abre, el motor de un coche que pasa despacio y, más lejos, las ovejas moviéndose entre las encinas. En esta parte de las Vegas Bajas del Guadiana, el turismo en Carmonita no tiene nada que ver con monumentos ni con calles llenas de gente: lo que aparece es un pueblo pequeño, de ritmo lento, rodeado por dehesa abierta.
Un camino de tierra llega entre praderas cortadas por muros de piedra y encinas muy separadas entre sí. En invierno la hierba se vuelve de un verde intenso; en verano todo se vuelve ocre y el aire huele a polvo caliente. El ganado —ovejas sobre todo, también vacas— forma parte del paisaje diario. A unos 380 metros de altitud, el terreno se abre bastante, y desde algunos puntos a las afueras la vista se pierde en la dehesa sin encontrar apenas edificios.
La estructura del pueblo y su historia
En el centro se levanta la iglesia de Santa María Magdalena, con una torre sencilla que se ve desde varias calles del pueblo. El edificio actual suele situarse en el siglo XVI, aunque como ocurre en muchos pueblos de la zona ha tenido arreglos y añadidos con el paso del tiempo.
Las calles son estrechas y cortas, pensadas más para caminar que para el coche. La Calle Real sigue siendo uno de los ejes principales, y en los callejones aparecen casas bajas con fachadas blancas, portones de madera y a veces un banco pegado a la pared para sentarse al fresco cuando cae la tarde.
Aquí no hay tiendas pensadas para quien viene de fuera. Lo que hay son los comercios cotidianos del pueblo, donde la gente entra a comprar y se queda un rato hablando. Si pasas por la mañana temprano, es fácil ver ese pequeño ir y venir que dura hasta el mediodía; luego todo se calma bastante.
Caminos que salen directamente a la dehesa
Desde el propio casco urbano salen varios caminos agrícolas. No están señalizados como rutas senderistas y en muchos casos atraviesan fincas de trabajo, así que conviene caminar con respeto y cerrar siempre las cancelas si se atraviesa alguna.
En primavera el suelo se llena de flores silvestres —amapolas, retamas, pequeñas flores amarillas que crecen entre la hierba— y el aire huele a jara cuando el día se calienta. Sobre los postes eléctricos suelen verse cigüeñas y, si levantas la vista un rato, alguna rapaz aprovechando las corrientes de aire.
La mejor hora para caminar suele ser a primera hora de la mañana o ya por la tarde. En verano el calor en esta zona aprieta con fuerza desde media mañana, y los caminos quedan muy expuestos al sol.
Lo que se come aquí
La cocina que aparece en Carmonita es la que se repite en muchos pueblos de esta parte de Extremadura: platos de campo, pensados para jornadas largas. Migas, guisos de cordero, embutidos curados en casa y quesos elaborados en la zona con leche de oveja o cabra.
También es habitual la miel procedente de colmenares repartidos por la dehesa, con sabores que cambian según la floración de cada temporada. Y en los meses más calurosos, el gazpacho o las sopas frías aparecen en muchas mesas al mediodía.
Fiestas y costumbres que siguen en el calendario
En agosto se celebran las fiestas dedicadas a Santa María Magdalena, patrona del pueblo. Durante esos días las calles se llenan más de lo habitual y regresan vecinos que viven fuera.
En primavera suele organizarse alguna romería hacia ermitas o parajes cercanos, con carros, comida compartida y un ambiente muy de pueblo. Y en otoño e invierno todavía se mantienen, en algunas casas y fincas, las matanzas tradicionales del cerdo, una costumbre que en esta comarca sigue teniendo bastante peso familiar.
Cómo llegar y cuándo acercarse
Carmonita está en la comarca de Tierra de Mérida – Vegas Bajas, a menos de una hora en coche de Badajoz por la carretera EX‑209. El trayecto atraviesa campos abiertos y rectas largas, muy propias de esta parte de Extremadura.
Para caminar por los alrededores, primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables. En verano el calor puede ser muy intenso a partir del mediodía, así que conviene madrugar si se quiere recorrer los caminos. Y en invierno, cuando ha llovido varios días seguidos, algunos tramos de tierra se vuelven bastante embarrados.
No es un lugar de actividades organizadas ni de visitas guiadas. Carmonita funciona mejor cuando se llega sin prisa, se da una vuelta tranquila por las calles y luego se sale al campo a escuchar lo que pasa alrededor: viento en las encinas, algún cencerro a lo lejos y poco más.