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sobre Cabezabellosa
Pueblo balcón con vistas al Ambroz y Jerte; famoso por su árbol singular y clima de montaña
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Cabezabellosa ocupa una loma a más de 800 metros, en la comarca de Trasierra–Tierras de Granadilla. Su posición no es casual: desde aquí se dominan las sierras bajas que separan el valle del Ambroz de las tierras que miran al embalse de Gabriel y Galán. Ese emplazamiento alto explica el clima fresco y la presencia de robledales y gargantas que bajan con fuerza en invierno y primavera.
El caserío mantiene un trazado sencillo, propio de una comunidad agrícola y ganadera pequeña. Casas de mampostería, calles con pendiente y construcciones auxiliares integradas en las viviendas recuerdan que durante siglos el trabajo del campo marcó el ritmo cotidiano. En el centro, la iglesia parroquial, del siglo XVI y reformada después, domina la plaza. Es una pieza clara de la arquitectura religiosa rural de la zona, construida con los materiales que ofrecía el entorno.
Un pueblo organizado para el trabajo
Caminar por Cabezabellosa permite ver cómo la arquitectura doméstica se organizaba en torno a las necesidades del campo. Junto a las casas aparecen corrales, pajares o cuadras que en muchos casos siguen formando parte del mismo conjunto. Algunas fachadas conservan portadas de piedra bien trabajadas, señal de que ciertos oficios locales —canteros, carpinteros— tuvieron aquí un papel importante.
Las calles se adaptan al relieve, lo que genera pequeños cambios de nivel y miradores hacia las lomas cercanas. Desde algunos puntos altos, con buena visibilidad, se alcanza a ver el embalse de Gabriel y Galán al norte.
Gargantas y caminos de agua
El término municipal es conocido en la zona por sus gargantas y saltos de agua. Varias rutas a pie parten del pueblo y descienden hacia estos cursos que atraviesan el robledal. Se conocen como los Chorros de Cabezabellosa y la cascada de la Garganta Marta, que suele llevar caudal tras periodos de lluvia.
Estos caminos siguen en muchos casos antiguos pasos ganaderos o senderos utilizados para acceder a huertas y molinos. El paisaje mezcla robles, castaños dispersos y zonas abiertas de dehesa. En otoño el suelo aparece cubierto de hojas y es habitual ver a gente del lugar recogiendo setas.
El robledal como paisaje
Los robledales que rodean el pueblo forman uno de los rasgos más reconocibles del paisaje. Algunos ejemplares tienen tamaños notables; uno de los más conocidos es el llamado Roble del Acarreadero, considerado árbol singular en Extremadura. Este tipo de árboles aislados suelen marcar antiguos lugares de paso o de reunión vinculados al trabajo agrícola.
La presencia de agua cercana y la altitud moderada favorecen un ambiente más húmedo que en otras zonas del norte cacereño. De ahí que estos robledales se mantengan relativamente bien conservados.
Cuándo recorrer la zona
La primavera y el otoño son épocas habituales para caminar por los senderos que salen de Cabezabellosa. En primavera las gargantas llevan más agua; en otoño el robledal cambia de color.
En verano el calor aprieta en los caminos abiertos, aunque las zonas cercanas a las gargantas mantienen sombra. En invierno las temperaturas bajan con facilidad por la noche y la niebla puede aparecer al amanecer.
Cómo moverse y qué tener en cuenta
El casco urbano se recorre rápido. Lo interesante está en los caminos que salen hacia las gargantas. Conviene llevar calzado cómodo si se piensa bajar hasta las zonas de cascadas, porque algunos senderos tienen pendiente y terreno irregular.
Desde Plasencia se llega en coche en menos de una hora por carreteras comarcales que suben hacia la sierra. Los últimos kilómetros ya anuncian el paisaje que define a Cabezabellosa: robles, agua y un pueblo pequeño que mira hacia el valle desde lo alto.