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sobre Mohedas de Granadilla
Pueblo agrícola con tradición olivarera al norte de la provincia
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Hay pueblos a los que llegas y lo primero que notas es el silencio. No un silencio incómodo, sino ese que aparece cuando dejas atrás la carretera principal y entras en un sitio donde el ritmo va por otro carril. Eso me pasó la primera vez que llegué a Mohedas de Granadilla. Aparcas, bajas del coche y durante unos segundos parece que todo se ha quedado en pausa.
A unos 450 metros de altitud, en plena comarca de Trasierra - Tierras de Granadilla, el pueblo vive rodeado de encinas y praderas abiertas. El paisaje tiene ese aspecto tan extremeño: campos amplios, muros de piedra aquí y allá, y caminos que salen del pueblo como si alguien hubiera ido tirando de un hilo.
El propio nombre ya habla del lugar. Las mohedas eran parcelas donde se recogían cosechas o se guardaban productos del campo. Y, viendo el entorno, encaja bastante bien: esto sigue siendo un pueblo muy ligado a la tierra. No está pensado para que vengas a “ver cosas”, sino más bien para entender cómo se vive en esta parte del norte de Cáceres.
Caminar por el pueblo sin buscar nada en concreto
El casco urbano es compacto y bastante sencillo. Calles estrechas, casas de una o dos alturas y bastante piedra mezclada con construcciones más recientes. No hay grandes monumentos ni rincones preparados para la foto.
Pero tiene algo que a mí me gusta: da la sensación de pueblo vivido. No de escenario.
La iglesia parroquial se reconoce fácil porque sobresale un poco sobre el resto de tejados. Como pasa en muchos pueblos de la zona, su aspecto es el resultado de varias reformas a lo largo del tiempo. Si está abierta, merece la pena asomarse un momento. Nada espectacular, pero sí ese tipo de interior donde notas que el edificio sigue teniendo uso real en la vida del pueblo.
Lo que más apetece aquí es caminar sin ruta fija. Dar una vuelta tranquila, salir hacia las afueras y en cinco minutos estar ya entre campos. Es de esos sitios donde el límite entre el pueblo y el campo prácticamente no existe.
El paisaje alrededor: encinas, caminos y cielo abierto
Alrededor de Mohedas de Granadilla aparece el paisaje típico de esta comarca: encinas dispersas, praderas y parcelas dedicadas al ganado o a pequeños cultivos. Si te gusta caminar, lo tienes fácil. Basta con seguir cualquiera de las pistas agrícolas que salen del pueblo.
No esperes senderos señalizados con paneles cada cien metros. Aquí los caminos son los de siempre: los que usan los vecinos para ir a las fincas o mover el ganado. Si tienes dudas, lo mejor es preguntar. En los pueblos pequeños eso sigue funcionando mejor que cualquier aplicación.
En los paseos es bastante normal ver aves grandes planeando sobre el campo. Buitres, milanos y, dependiendo de la época, cigüeñas. No es un lugar preparado específicamente para observación de aves, pero el entorno abierto ayuda bastante si te gusta ir con prismáticos.
También es terreno agradecido para moverse en bicicleta por pistas de tierra. Eso sí, conviene mirar el estado del terreno: en invierno algunas zonas se embarran y en verano el polvo puede ser considerable.
Comer como se ha comido siempre por aquí
La cocina de esta zona no tiene muchas vueltas, y casi mejor así. Productos del campo, embutidos, quesos y platos de cuchara que siguen apareciendo en muchas casas.
No esperes presentaciones modernas ni experimentos raros. Aquí lo que manda es la materia prima y las recetas de siempre. Cuando te sientas a comer en un pueblo así, la sensación suele ser la misma que cuando vas a casa de un familiar del pueblo: raciones generosas y comida contundente.
Fiestas y costumbres que siguen marcando el calendario
En Mohedas de Granadilla, como en muchos pueblos de la comarca, el año se organiza bastante alrededor de las fiestas y las reuniones familiares.
Las fiestas patronales del verano suelen ser el momento en que el pueblo cambia de ritmo. Mucha gente que vive fuera vuelve esos días y las calles se llenan más de lo habitual.
La Semana Santa también se vive con procesiones sencillas por las calles del pueblo, sin grandes despliegues, pero con esa sensación de tradición que se ha repetido durante generaciones.
En otoño y en invierno todavía aparecen algunas costumbres ligadas al campo. Las matanzas del cerdo, por ejemplo, siguen haciéndose en algunas casas o reuniones familiares. Cada vez son menos, pero siguen formando parte de la memoria colectiva del lugar.
Cómo llegar a Mohedas de Granadilla
Mohedas de Granadilla queda al norte de la provincia de Cáceres. Desde la capital hay alrededor de 90 kilómetros y el trayecto suele hacerse por la N-630 en dirección a Plasencia. A partir de ahí solo queda desviarse hacia la comarca de Trasierra - Tierras de Granadilla.
La conducción es sencilla y el paisaje acompaña: carreteras tranquilas, campos abiertos y ese cielo enorme que es tan típico de Extremadura.
No es un pueblo al que vengas buscando una lista larga de cosas que tachar. Es más bien ese tipo de sitio donde pasas unas horas caminando sin prisa, miras el paisaje alrededor y entiendes un poco mejor cómo funciona esta parte de la región. A veces con eso basta.