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sobre Oliva de Plasencia
Cerca de las ruinas de Cáparra; pueblo tranquilo con palacio
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En el corazón de la comarca de Trasierra - Tierras de Granadilla, a 414 metros de altitud, se encuentra Oliva de Plasencia, una pequeña aldea extremeña que conserva intacto el sabor de la España rural más auténtica. Con apenas 285 habitantes, este rincón de la provincia de Cáceres ofrece al viajero la oportunidad de desconectar del bullicio urbano y sumergirse en un paisaje de dehesas, olivares y arquitectura tradicional que ha permanecido casi inalterada durante generaciones.
La tranquilidad de sus calles empedradas y la hospitalidad de sus gentes convierten a Oliva de Plasencia en un destino perfecto para quienes buscan el turismo rural en estado puro. Aquí, el tiempo parece haberse detenido, permitiendo al visitante experimentar la vida pausada de los pueblos del norte de Extremadura, donde cada piedra cuenta una historia y cada rincón invita a la contemplación.
Qué ver en Oliva de Plasencia
El patrimonio arquitectónico de Oliva de Plasencia, aunque modesto en tamaño, resulta representativo de la arquitectura popular extremeña. La iglesia parroquial constituye el principal punto de interés del pueblo, mostrando elementos constructivos típicos de la zona con materiales locales como granito y pizarra que se integran armoniosamente en el paisaje circundante.
El casco urbano conserva ejemplos interesantes de arquitectura tradicional, con casas de mampostería y elementos constructivos característicos de la comarca. Un paseo por sus calles permite observar detalles arquitectónicos como balcones de hierro forjado, portadas de granito y tejados de teja árabe que definen la fisonomía del pueblo.
Los alrededores de la localidad ofrecen un paisaje típicamente trasierrano, dominado por la dehesa extremeña donde se alternan encinas centenarias, pastizales y pequeñas parcelas de cultivo. Estos parajes invitan a largos paseos contemplativos, especialmente recomendables durante la primavera, cuando el campo se viste de verde y florece la jara y el tomillo.
Qué hacer
Oliva de Plasencia se presenta como un punto de partida ideal para explorar la comarca de Trasierra a pie. Diversos senderos tradicionales conectan la localidad con pueblos vecinos, ofreciendo rutas de senderismo que permiten descubrir el paisaje adehesado característico de esta zona de Extremadura.
La observación de la fauna local constituye otra de las actividades más gratificantes. En las dehesas circundantes es posible avistar especies como el milano real, la cigüeña blanca y diversos paseriformes, mientras que los mamíferos como el jabalí y el corzo frecuentan estos parajes.
La gastronomía local, basada en productos del cerdo ibérico, quesos de cabra y platos de caza, puede degustarse en establecimientos de la zona. Los productos de la matanza, las migas extremeñas y los guisos tradicionales con legumbres reflejan la cocina popular de interior, sencilla pero sabrosa, que aprovecha los recursos del entorno.
Para los aficionados a la micología, los meses de otoño ofrecen la posibilidad de recolectar diversas especies de setas en los encinares próximos, siempre respetando la normativa local y con el conocimiento adecuado.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Oliva de Plasencia gira en torno a las celebraciones tradicionales que marcan el ritmo anual del pueblo. Las fiestas patronales, que suelen tener lugar durante el verano, constituyen el momento de mayor animación del año, cuando los vecinos se reúnen para mantener vivas las tradiciones locales.
La Semana Santa se vive con especial recogimiento, manteniendo tradiciones religiosas que se remontan a siglos atrás. Durante estos días, el ambiente del pueblo adquiere una solemnidad particular que refleja el profundo sentimiento religioso de sus habitantes.
En los meses de invierno, celebraciones como la matanza del cerdo mantienen vivas las tradiciones gastronómicas, momentos en los que la comunidad se une para elaborar los productos derivados del cerdo ibérico que sustentarán la alimentación familiar durante el resto del año.
Información práctica
Para llegar a Oliva de Plasencia desde Cáceres, la capital provincial, hay que tomar la carretera N-630 en dirección norte hasta Plasencia, un trayecto de aproximadamente 80 kilómetros. Desde Plasencia, carreteras secundarias conducen hasta la localidad a través de un paisaje típicamente trasierrano.
una de las mejores época para visitar Oliva de Plasencia es durante la primavera y el otoño, cuando las temperaturas son más suaves y el paisaje muestra toda su belleza. Los meses de abril y mayo son especialmente recomendables por la floración de la dehesa, mientras que octubre ofrece los colores otoñales más espectaculares.
Es aconsejable llevar calzado cómodo para caminar por el campo y ropa de abrigo en los meses más fríos, ya que la altitud de 414 metros hace que las temperaturas puedan descender considerablemente durante el invierno. Para los aficionados a la fotografía, tanto el amanecer como el atardecer ofrecen condiciones de luz excepcionales para captar la belleza del paisaje trasierrano.