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sobre Abertura
Municipio agrícola situado en la penillanura trujillana con un entorno de dehesas y tranquilidad rural; destaca por su iglesia parroquial
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A primera hora de una mañana de noviembre, la iglesia de San Juan Bautista aparece en el horizonte con la piedra aún fría y oscura. El sol tarda en llegar hasta aquí: primero ilumina las encinas de los alrededores y después, poco a poco, toca el campanario cuadrado. En ese momento el pueblo está casi en silencio. Solo se oye algún mirlo y el roce de las hojas secas que el aire mueve por la calle.
Abertura, en la comarca de Trujillo, es un municipio pequeño incluso para los estándares de esta parte de Extremadura. Las casas bajan con cierta pendiente hacia la plaza y muchas conservan portadas de granito gastadas por décadas de uso. Las fachadas encaladas devuelven la luz con un tono mate, y todavía se ven rejas antiguas en algunas ventanas bajas.
La población se ha reducido con los años. En invierno, el movimiento es mínimo: alguna vecina que abre la puerta para que entre el sol, una conversación breve desde una ventana, el sonido lejano de un coche que atraviesa el pueblo sin detenerse.
La iglesia de San Juan Bautista
La iglesia de San Juan Bautista se levantó en el siglo XVI. No es un edificio grande ni especialmente ornamentado, pero tiene esa solidez que se repite en muchas iglesias rurales extremeñas: granito, muros gruesos y un campanario que sigue marcando las horas.
La portada es sobria, con piedra bien cortada y sin demasiados adornos. Dentro suele haber retablos barrocos y tallas religiosas que han acompañado la vida del pueblo durante generaciones. La estructura mezcla piedra con vigas de madera vistas, lo que da al interior una sensación austera, casi doméstica.
Caminos que salen hacia la dehesa
Basta caminar unos minutos fuera del casco para entrar en la dehesa que rodea Abertura. Encinas y alcornoques se reparten el terreno con bastante espacio entre unos y otros, dejando pasar la luz. En días de viento las ramas crujen y el sonido se mezcla con los cencerros del ganado.
Todavía se conservan muros de piedra seca delimitando parcelas. Algunos están rectos y bien mantenidos; otros se han vencido con los años y la tierra se los va comiendo poco a poco.
Las senderas que parten del pueblo no siempre están señalizadas, pero son fáciles de seguir si no te alejas demasiado. Caminando despacio es habitual ver cernícalos sobrevolando los campos o gorriones moviéndose entre los matorrales. En zonas más abiertas, con algo de suerte, puede aparecer alguna avutarda.
Un paseo corto por el núcleo
El casco del pueblo se recorre rápido. En veinte minutos puedes atravesarlo sin prisa, fijándote en detalles pequeños: una puerta de madera con clavos antiguos, una cancela de hierro que chirría al abrirse, un banco de piedra pegado a una fachada.
Desde la plaza salen varios caminos hacia el campo. A los pocos minutos el paisaje se abre y el pueblo queda atrás, reducido a un grupo de tejados claros.
Conviene recordar que buena parte del terreno alrededor son fincas privadas. Las cancelas que estén cerradas deben quedarse así.
Cuándo venir y qué tener en cuenta
El paisaje cambia bastante con las estaciones. En primavera el campo suele estar más verde y el aire todavía mantiene algo de humedad. En otoño la luz es más baja y las encinas proyectan sombras largas sobre la tierra.
En verano el calor aprieta con fuerza en las horas centrales del día. Si vas a caminar, lo más sensato es hacerlo temprano o al final de la tarde, cuando el sol cae detrás de las encinas y la temperatura baja un poco.
Después de lluvias fuertes, algunos caminos de tierra pueden quedarse embarrados durante varios días.
Llegar y moverse por Abertura
Abertura está conectada con Trujillo y Miajadas por carreteras comarcales tranquilas, con poco tráfico. Aparcar suele ser sencillo porque el pueblo es pequeño y las calles principales tienen espacio suficiente para unos cuantos coches.
Las opciones para pasar la noche en el entorno son limitadas, algo habitual en municipios de este tamaño. Si planeas quedarte por la zona, conviene organizarlo con antelación, sobre todo en fines de semana largos o durante la temporada de caza.
Quien llega hasta Abertura normalmente lo hace de camino entre otros puntos de la comarca. Pero si te quedas un rato más y sales a uno de los caminos que bordean el pueblo, aparecen los detalles que definen el lugar: un muro de piedra que se pierde entre encinas, un olivo viejo junto a una cerca, y el silencio ancho de la dehesa alrededor.