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sobre Santa Cruz de la Sierra
Situado en la falda de la sierra homónima con restos de un convento agustino en la cima
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En las suaves colinas de la comarca de Trujillo, a 600 metros de altitud, se esconde una de las pequeñas joyas de la Extremadura profunda. Santa Cruz de la Sierra, con apenas 320 habitantes, es esa España rural que conserva intacto el alma de los pueblos de antaño, donde el tiempo parece transcurrir a un ritmo diferente y cada rincón cuenta una historia centenaria.
Este pequeño municipio cacereño se alza entre dehesas centenarias y campos de cereales, ofreciendo a quienes lo visitan la oportunidad de desconectar del bullicio urbano y sumergirse en la autenticidad de la vida rural extremeña. Sus calles empedradas y casas de piedra y adobe hablan de una historia ligada a la trashumancia, la agricultura y esa sabiduría popular que se transmite de generación en generación.
La aldea respira tranquilidad y tradición, convirtiéndose en el destino perfecto para quienes buscan turismo de interior auténtico, lejos de las multitudes pero rico en experiencias genuinas.
Qué ver en Santa Cruz de la Sierra
El patrimonio arquitectónico de Santa Cruz de la Sierra, aunque modesto, refleja la rica historia de estos territorios extremeños. Su iglesia parroquial domina el perfil urbano del pueblo, con su característica torre de piedra que se divisa desde los campos circundantes. Este templo, de origen medieval aunque reformado en siglos posteriores, guarda en su interior retablos de madera tallada y una pila bautismal que ha visto pasar generaciones de habitantes.
Pasear por el casco histórico es un viaje en el tiempo. Las casas tradicionales, muchas de ellas construidas en piedra local y con elementos de arquitectura popular extremeña, conservan balcones de hierro forjado y portadas de granito. Algunas viviendas mantienen los antiguos patios interiores donde antaño se desarrollaba gran parte de la vida familiar.
En los alrededores del pueblo, las dehesas constituyen uno de los paisajes más característicos de la zona. Estos ecosistemas únicos, con sus encinas centenarias salpicando pastizales, son perfectos para largas caminatas contemplando la fauna local. Es común avistar cigüeñas, milano real y otras aves rapaces, así como el ganado que pasta en libertad.
Los molinos harineros abandonados junto a los arroyos cercanos recuerdan la importancia que tuvo la molienda del cereal en la economía local, y sus ruinas añaden un toque melancólico al paisaje rural.
Qué hacer
Santa Cruz de la Sierra es un destino ideal para el senderismo y las rutas a pie. Los caminos rurales que parten del pueblo permiten adentrarse en la dehesa extremeña, descubriendo paisajes de gran belleza donde la intervención humana ha creado un equilibrio perfecto con la naturaleza. Las rutas hacia las vegas de los arroyos son especialmente recomendables en primavera, cuando la vegetación muestra su máximo esplendor.
La observación de aves encuentra aquí un escenario privilegiado. Las dehesas albergan una rica avifauna, desde cigüeñas blancas que anidan en campanarios y torres, hasta especies forestales como el rabilargo o el pico picapinos. Los aficionados a la ornitología pueden disfrutar de jornadas muy productivas, especialmente durante los pasos migratorios.
Para los amantes de la fotografía rural, cada rincón ofrece composiciones únicas: desde las panorámicas de la dehesa al amanecer hasta los detalles de la arquitectura popular. Los atardeceres desde las lomas cercanas al pueblo regalan imágenes espectaculares de la Extremadura más auténtica.
La gastronomía local se basa en productos de la tierra: carnes de caza, embutidos caseros, quesos de cabra y las famosas migas extremeñas. Durante la temporada de setas, los bosques cercanos se convierten en una despensa natural para los conocedores.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Santa Cruz de la Sierra mantiene vivas las tradiciones populares extremeñas. Las fiestas patronales, que se celebran a mediados de septiembre, son el momento de mayor animación del año. Durante estos días, el pueblo se llena de vida con verbenas populares, procesiones y actividades tradicionales que reúnen a vecinos y visitantes.
En enero, como en muchos pueblos extremeños, se celebra San Antón con la tradicional bendición de los animales, una festividad que conecta con el pasado ganadero de la localidad. La Semana Santa se vive con recogimiento, manteniendo procesiones íntimas pero cargadas de devoción popular.
Las fiestas del verano, generalmente en agosto, incluyen actividades al aire libre aprovechando las noches templadas de la estación, con música tradicional y bailes populares en la plaza del pueblo.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Cáceres capital, hay que tomar la N-521 en dirección a Trujillo y después desviarse por carreteras comarcales. El trayecto completo desde Cáceres es de aproximadamente 50 kilómetros y se recorre en algo menos de una hora. Es recomendable consultar la ruta específica ya que parte del recorrido transcurre por carreteras locales.
Mejor época para visitar: La primavera (abril-mayo) y el otoño (octubre-noviembre) ofrecen temperaturas agradables y paisajes en su mejor momento. El verano puede resultar caluroso, aunque las noches son frescas debido a la altitud.
Consejos: Es aconsejable llevar calzado cómodo para caminar por terrenos rurales y consultar previamente los horarios de apertura de establecimientos, ya que al tratarse de una población pequeña, los servicios pueden tener horarios limitados. La hospitalidad de los lugareños es uno de los mayores atractivos de la visita.