Artículo completo
sobre Valdecaballeros
Situado en la Siberia con un balneario famoso; entorno de embalses y montes ideal para el descanso
Ocultar artículo Leer artículo completo
Llegué a Valdecaballeros después de perderme un par de veces por carreteras que parecen dibujadas por alguien que odiaba las líneas rectas. Era domingo, cerca del mediodía, y el pueblo estaba en silencio total. Al principio pensé que había elegido el peor momento posible. Luego entiendes que Valdecaballeros funciona un poco así: calles con cuesta, persianas a medio bajar y ese olor seco a encina y tierra caliente que te recuerda que estás en La Siberia extremeña.
El pueblo que se quedó a medio camino del futuro
Valdecaballeros tiene algo curioso: durante unos años estuvo a punto de cambiar de escala. A finales de los setenta empezó a levantarse aquí una central nuclear enorme. Llegó a construirse buena parte del proyecto, con trabajadores, carreteras nuevas y la sensación de que el pueblo iba a crecer de golpe.
Luego llegó la moratoria nuclear y todo se quedó parado.
Lo que queda hoy es esa estructura gigantesca a varios kilómetros, visible desde la carretera. No se visita y tampoco forma parte de una ruta turística, pero es imposible ignorarla si conoces la historia. Es como encontrarte un decorado abandonado de una película industrial en mitad de la dehesa.
Y sí, en el pueblo a veces oirás lo de los “jabalíes”. Hay quien usa el apodo con orgullo para referirse a los de aquí. No sé muy bien de dónde viene, pero encaja con el carácter del sitio: gente de campo, directa, sin demasiadas vueltas.
Una iglesia con piedras que llevan aquí dos mil años
La iglesia de San Miguel no es de las que te hacen frenar el coche al verla desde lejos. De hecho, por fuera pasa bastante desapercibida.
La sorpresa está dentro.
Allí conservan dos hitos romanos de granito, de esos que se usaban para marcar límites territoriales. Llevan inscripciones de época imperial —de cuando Mérida era una de las ciudades importantes de Hispania— y básicamente hacían la función del GPS de hace dos mil años: decirte dónde empezaba una jurisdicción y dónde terminaba otra.
El templo actual suele situarse en el siglo XV y tiene ese aire mudéjar sencillo que aparece en muchos pueblos extremeños. Nada monumental, pero con capas de historia si te paras un momento.
El embalse que cambió el paisaje
Si miras Valdecaballeros en un mapa, enseguida ves quién manda aquí: el embalse de García Sola.
Es enorme. De esos pantanos que, cuando los ves desde una loma, parecen más un trozo de mar interior que otra cosa. Muchas de las escapadas por la zona giran alrededor del agua: pesca, rutas en barca o simplemente acercarse a alguna orilla tranquila.
En una de las elevaciones que ahora quedan casi rodeadas por el embalse hubo asentamientos mucho más antiguos. Se han documentado restos de un castro y estructuras megalíticas en la zona. Pensar que bajo esas aguas hubo caminos y monte cerrado cambia bastante la forma de mirar el paisaje.
Si te gusta observar aves, además, esta parte de La Siberia suele dar alegrías: buitres leonados planeando sin prisa, águilas y, con suerte, alguna cigüeña negra en zonas más tranquilas.
El balneario de Valdefernando
A unos tres kilómetros del pueblo está el balneario de Valdefernando. Las aguas se conocen desde hace bastante tiempo —ya se utilizaban en el siglo XIX— y el edificio que se ve hoy tiene ese estilo neomudéjar de ladrillo que llama la atención en mitad del campo.
No está dentro del casco urbano, así que lo normal es acercarse en coche. El entorno es tranquilo, con dehesa alrededor, y da la sensación de que siempre ha estado ahí, como parte natural del paisaje.
Consejo de amigo
Valdecaballeros no funciona bien si vienes con mentalidad de “ver cinco cosas y seguir”. No va de eso.
Es más bien un sitio para llegar sin prisa, aparcar cerca de la plaza, dar una vuelta corta y luego bajar hacia el agua o buscar alguna carretera secundaria de las que cruzan la dehesa.
En verano aprieta el calor, así que agua y gorra no sobran. Y si te mueves por el embalse, entenderás rápido por qué el pueblo mira tanto hacia él.
Por cierto: en verano suele celebrarse una romería vinculada a la Virgen del Carmen en la que la imagen cruza el embalse en barca hasta Peloche. No todos los días ves algo así en un pantano.
¿Y la comida típica? Pregunté algo parecido una vez y la respuesta fue bastante clara: lo mismo que en muchos pueblos de Extremadura, pero bien hecho y sin muchas ceremonias.
Así que si vienes buscando platos con nombre raro y foto obligatoria, quizá no sea el lugar. Si te apetece un domingo tranquilo entre dehesa, agua y pueblos que van a su ritmo, entonces sí: Valdecaballeros encaja bastante bien.