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sobre Valdefuentes
Conocido como la pequeña Cáceres por sus palacios y esgrafiados; capital del queso
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A primera hora, cuando el sol apenas asoma por encima de las encinas, el silencio en Valdefuentes se rompe con el crujido de la grava y algún gallo que canta desde un corral. La luz llega despacio y se queda pegada a las fachadas blancas. En esos minutos tranquilos se entiende bien el ritmo del lugar. El turismo en Valdefuentes, si se le puede llamar así, tiene más que ver con caminar sin prisa que con ir tachando sitios.
El pueblo está en la Sierra de Montánchez, en una zona de dehesa abierta donde las encinas marcan el horizonte. Aquí viven algo más de mil personas. Las calles son estrechas y a veces hacen pequeñas curvas que obligan a bajar el paso. Muchas casas mantienen portones de madera anchos, pensados para carros, y muros encalados que reflejan la luz con fuerza al mediodía.
El casco y la plaza
El centro se recorre rápido. No es grande y tampoco intenta aparentar más de lo que es. La plaza tiene una fuente en medio y varias casas con rejas oscuras y tejados de teja curva. A ciertas horas se oye el golpe seco de alguna persiana o una conversación que sale por una ventana abierta.
Si pasas por aquí en verano, conviene hacerlo temprano o ya al caer la tarde. A mediodía el sol cae casi vertical y la cal de las paredes multiplica la claridad.
La iglesia en lo alto
La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción se ve desde casi cualquier punto del pueblo. Está algo elevada y su torre rectangular sirve de referencia cuando uno se pierde entre las calles.
El edificio tiene origen antiguo, aunque se ha ido reformando con el tiempo. Dentro el ambiente es sobrio: piedra, madera oscura y retablos que no buscan llamar la atención. A veces la puerta permanece abierta y entra una franja de luz que cruza el suelo de lado a lado.
Caminos de dehesa alrededor
Al salir del casco urbano empiezan los caminos de tierra. Algunos conectan con fincas ganaderas y otros siguen viejos trazados entre encinas. El terreno ondula suavemente y el paisaje cambia poco, pero esa repetición tiene algo hipnótico: troncos gruesos, sombra redonda en el suelo y hierba que en primavera se vuelve muy verde.
Se habla de la presencia de fauna mediterránea en la zona, y no es raro ver rapaces planeando sobre la dehesa. Para caminar, primavera y otoño suelen ser los meses más llevaderos. En verano el calor aprieta y conviene llevar agua incluso en paseos cortos.
Fiestas y cocina de casa
Las fiestas patronales se celebran en agosto, alrededor de la Asunción. Durante esos días el pueblo se anima más de lo habitual y las calles se llenan de música y reuniones familiares que se alargan hasta la noche.
La cocina local sigue muy ligada a la matanza y a los productos del campo. En invierno aparecen platos contundentes como migas o guisos de carne. El jamón y los embutidos forman parte de la vida cotidiana; muchas casas todavía mantienen esa relación directa con el cerdo y con las despensas llenas tras el invierno.
Cuándo venir y cómo llegar
Valdefuentes está a unos 35 kilómetros de Cáceres. El último tramo se hace por carreteras comarcales tranquilas, de las que obligan a bajar la velocidad y mirar el paisaje.
La primavera suele ser el momento más agradecido. La dehesa está verde y el aire todavía corre entre las encinas. En otoño el campo toma tonos más secos y el pueblo vuelve a un ritmo muy calmado después del verano.
Valdefuentes no necesita grandes explicaciones. Basta caminar un rato, escuchar los pasos en la calle y mirar cómo cambia la luz sobre las paredes blancas. A veces el lugar se entiende así, sin más.