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sobre Alagón del Río
Pueblo de colonización joven y dinámico situado en las fértiles vegas del río Alagón; arquitectura planificada y zonas verdes
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En la comarca cacereña de Vegas del Alagón, entre dehesas y campos de cultivo, Alagón del Río lleva el ritmo tranquilo de un pueblo pequeño. A unos 260 metros de altitud, el caserío se despliega en calles sin ruido y plazas donde la gente se conoce, de esas en las que apetece sentarse un rato y dejar que la tarde haga lo suyo.
El nombre mira al río Alagón, que marca el paisaje y el pulso agrícola de la zona. Aquí el plan no va de coleccionar puntos en el mapa, sino de caminar despacio y observar: arquitectura sencilla, patios recogidos, balcones de hierro y fachadas claras que devuelven la luz.
Qué ver
El paseo se entiende bien desde el centro, con la iglesia parroquial como referencia para orientarse. A partir de ahí, lo que más gusta es fijarse en la arquitectura popular: casas bajas, materiales de siempre y detalles de forja, sin grandes alardes pero con carácter.
En las afueras manda la dehesa. El paisaje se abre entre encinas y parcelas de cultivo, y cambia mucho según la estación y la hora del día.
Qué hacer
Los caminos rurales permiten paseos fáciles por los alrededores. Si te tira la naturaleza, mete unos prismáticos en la mochila: entre cultivos y zonas de ribera se dejan ver aves habituales de Extremadura, según la época.
En la mesa manda el recetario de casa: migas, sopas de ajo, guisos y dulces tradicionales, además de productos de la dehesa como embutidos, quesos y aceite.
Si solo tienes 2 horas
- Paseo por el centro: plaza, iglesia y un par de calles cercanas para ver el tipo de casas y los detalles de forja.
- Salida corta hacia las afueras para asomarte a la dehesa y al paisaje abierto, sin meterte en caminos si no los conoces.
Errores típicos
- Ir a mediodía en verano: el calor aprieta y el paseo se hace pesado.
- Salir a los caminos sin agua ni gorra, aunque parezcan paseos cortos.
- Confiarse con el sol de invierno: en campo abierto también pega.