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sobre Montehermoso
Cuna de la Gorra de Montehermoso y el folklore extremeño; villa moderna con tradiciones vivas
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En Montehermoso el calendario tiene una fecha que marca el ritmo del pueblo: el 3 de febrero. Antes de que amanezca, los tambores empiezan a sonar por las calles. Son los Negritos de San Blas. Hombres cubiertos con túnicas de saco y la cara ennegrecida con hollín recorren el casco urbano con zambombas y tambores. El origen exacto de la costumbre no está claro. En el pueblo se habla de ella como algo antiguo, transmitido sin interrupciones.
La dehesa alrededor del pueblo
Montehermoso se sitúa a unos 394 metros de altitud, en el borde de las Vegas del Alagón. Desde aquí el terreno desciende hacia el valle. Esa posición, ligeramente elevada, explica en parte la relación del pueblo con su entorno inmediato.
La dehesa boyal ocupa más de dos mil hectáreas y forma parte del paisaje cotidiano. Fue declarada espacio protegido en 2014. Durante generaciones ha sido terreno comunal: lugar de pasto, de recogida de leña y de pequeños aprovechamientos que formaban parte de la economía doméstica. En invierno el olor a encina quemada suele colarse entre las calles.
Ese mismo territorio guarda restos mucho más antiguos. Cerca del pueblo, en el itinerario conocido como Ruta de los Dólmenes, aparecen varios túmulos funerarios prehistóricos. El llamado Gran Dolmen alcanza cerca de veinte metros de diámetro y conserva la cámara central. Son estructuras sencillas, levantadas por comunidades que ya ocupaban este entorno miles de años antes de que existiera el pueblo actual.
De aldea dependiente a villa con identidad propia
Durante siglos Montehermoso dependió del Señorío de Galisteo. En 1658 Felipe IV le concedió el título de Condado. El cambio fue jurídico más que urbanístico. El caserío siguió formado por viviendas bajas y calles estrechas, vinculadas a la vida agrícola.
El Catastro de Ensenada registró en 1752 unas 550 casas y algo más de dos mil habitantes. Hoy la población supera los cinco mil. Aun así, muchas prácticas ligadas al campo siguen presentes.
En la cocina local aparece la chanfaina, preparada con arroz, sangre de cerdo y especias. Era un plato ligado a las matanzas domésticas. También continúa la elaboración de las gorras tradicionales de Montehermoso, tejidas con colores vivos y pequeños espejos. Esta prenda llegó a mostrarse fuera de Extremadura en la exposición universal de Sevilla de 1992.
Fiestas que estructuran el año
Los Negritos de San Blas abren el calendario festivo. Meses después llega la romería de la Virgen de Valdefuentes. El santuario, de origen medieval, se encuentra a cierta distancia del núcleo urbano. Muchos vecinos acuden a pie o en carromatos. En los alrededores se encuentran las llamadas grutas de las Potras, vinculadas por la tradición a la aparición de la virgen.
En agosto se celebran las fiestas de San Bartolomé. Durante varios días el pueblo cambia de ritmo. Regresan quienes viven fuera y las calles se llenan de peñas, música y comidas colectivas donde suele aparecer la caldereta de cordero.
Un parque singular a las afueras
A comienzos de este siglo se construyó en Montehermoso un parque con reproducciones a pequeña escala de varios monumentos de Extremadura. En el mismo espacio aparecen referencias a edificios de Cáceres, Trujillo, Mérida o Zafra. El lugar se utiliza con frecuencia para visitas escolares.
Desde allí parte uno de los caminos más usados para adentrarse en la dehesa boyal. El sendero llega hasta el puente de Simón Ruano, una construcción de piedra que tradicionalmente se sitúa en el siglo XVI. Cruza el Alagón en un tramo tranquilo del río. El recorrido atraviesa encinas y quejigos; no es raro ver ganado pastando en los claros.
Llegar y orientarse
Montehermoso se encuentra a media hora aproximada de Cáceres por carretera comarcal. El casco urbano se recorre andando sin dificultad.
La primavera suele mostrar la dehesa más verde. En el pueblo aún se ven naranjos en algunas plazas y calles. Quien se acerque con curiosidad por la cultura popular encontrará dos cosas muy asociadas a Montehermoso: la gorra tradicional y las celebraciones de invierno alrededor de San Blas. Son expresiones que ayudan a entender cómo este lugar ha mantenido una identidad muy marcada dentro de las Vegas del Alagón.