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sobre Villanueva de la Vera
Conjunto histórico con arquitectura tradicional y la famosa cascada del Diablo
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Las regueras corren por las calles como venas abiertas. Agua que baja de la sierra, se divide, atraviesa el casco antiguo y vuelve a aparecer en fuentes y lavaderos. En Villanueva de la Vera ese sonido constante es parte del paisaje cotidiano: basta caminar unos minutos para entender que el pueblo se organizó alrededor de ese sistema de agua.
El asentamiento actual se formó en el siglo XV, cuando varias aldeas cercanas —entre ellas Casillas, La Mesa, Curuela y Salobrar— terminaron agrupándose en un punto más protegido de los conflictos que afectaban a la zona. Con el tiempo la comunidad consiguió dejar de depender del señorío de Valverde mediante el pago de una cantidad importante para la época. Ese proceso, bastante común en la Castilla de los siglos XVI y XVII, marcó el inicio de una etapa de mayor autonomía local.
El agua que estructura el pueblo
Las regueras no están ahí por estética. Son canales tradicionales que conducen el agua desde las gargantas de Gredos hacia huertos, molinos y corrales. Documentación municipal menciona varios molinos en funcionamiento desde la Edad Moderna, movidos por este mismo sistema.
El mecanismo es sencillo: acequias de piedra con pequeñas compuertas que permiten desviar el agua hacia distintos puntos. Durante siglos el reparto del riego se organizó por turnos entre las familias, una costumbre que en algunos casos todavía se respeta de forma informal.
La arquitectura del casco antiguo se adaptó a esa presencia constante del agua. Muchas casas conservan entramados de madera, balcones corridos y soportales que protegen las entradas. En los zaguanes a menudo hay pequeños canalillos para que el agua continúe su camino sin entrar en las cuadras o en las bodegas. En verano no es raro notar el olor del pimiento secándose en los balcones o en las azoteas, parte del proceso tradicional del pimentón de La Vera.
La iglesia parroquial y la memoria del concejo
La iglesia de la Purísima Concepción ocupa una posición central dentro del pueblo. El edificio actual se levantó entre los siglos XVI y XVII, con reformas posteriores que alteraron algunos elementos interiores.
Es un templo de nave única, con muros de mampostería robustos y una torre que domina el caserío. Más que por su tamaño, interesa por lo que guarda: la parroquia ha conservado durante siglos documentación vinculada a la vida del concejo, testimonio de cómo se organizaba la comunidad.
En uno de los muros se recuerda con una inscripción antigua la importancia de las regueras y las sanciones que se imponían a quien las dañara. Puede parecer anecdótico, pero resume bien hasta qué punto el agua era un asunto serio para el pueblo.
El Peropalo, un rito que sigue vivo
Si hay una celebración que identifica a Villanueva de la Vera es el Peropalo. Tiene lugar en torno al carnaval y combina elementos festivos con un ritual que muchos investigadores consideran muy antiguo.
El protagonista es un muñeco sujeto a un largo palo que se planta en la plaza. Durante varios días el personaje es objeto de burlas, golpes simbólicos y un juicio popular que termina con su quema pública. El conjunto mezcla música tradicional —donde la dulzaina y el tamboril siguen teniendo peso— con una participación muy amplia de los vecinos.
Aunque la fiesta cuenta con reconocimiento turístico en Extremadura, en esencia sigue siendo un ritual comunitario más que un espectáculo pensado para visitantes.
Gargantas y senderos en la ladera de Gredos
Por encima del pueblo bajan varias gargantas que forman pozas y pequeños saltos de agua. Una de las más conocidas en la zona es la de Gualtamino, que se alcanza siguiendo caminos que salen del casco urbano hacia la sierra. El recorrido alterna tramos empedrados con senderos de tierra entre castaños y robles.
En algunos puntos el agua se encajona entre rocas formando piscinas naturales donde la gente del pueblo suele bañarse cuando aprieta el calor. Incluso en pleno verano el agua baja fría, algo habitual en las gargantas de la vertiente sur de Gredos.
Por Villanueva también pasa el sendero de gran recorrido que atraviesa La Vera y conecta varios municipios de la comarca. Son trayectos largos, más pensados para caminar durante media jornada o enlazar pueblos que para un paseo rápido.
Orientarse y recorrer el pueblo
Villanueva de la Vera está en el extremo occidental de la comarca, a los pies de la sierra. Se llega por carreteras comarcales que atraviesan zonas de castaños y huertas. En otoño, cuando caen las castañas, es frecuente ver a los vecinos secando el fruto cerca de las casas o en los márgenes.
El casco antiguo se recorre a pie sin dificultad. Calles estrechas, casas de dos o tres alturas y el agua cruzando de un lado a otro marcan el ritmo del paseo. Conviene fijarse en los detalles: los entramados de madera, los balcones largos orientados al sur y los pequeños puentes que salvan las regueras.
No es un pueblo grande. En un par de horas se puede caminar con calma por el centro y acercarse a los caminos que suben hacia la sierra. El sonido del agua acompaña casi todo el recorrido, y termina siendo la referencia más clara de dónde está uno dentro del pueblo.