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sobre La Parra
Pueblo blanco con encanto y pasado señorial; destaca por su convento de clarisas y entorno de sierras suaves
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El turismo en La Parra tiene mucho que ver con entender dónde está el pueblo y de qué ha vivido. Este municipio del sur de Badajoz pertenece a la comarca de Zafra–Río Bodión y queda a unos 65 kilómetros de la capital provincial. El paisaje que lo rodea —olivares, dehesas y pequeñas parcelas de cultivo— explica bastante bien su historia reciente: aquí la agricultura y la ganadería siguen marcando el ritmo cotidiano. Con algo más de un millar de habitantes, La Parra mantiene una vida tranquila, muy ligada al calendario del campo.
El núcleo urbano se levanta sobre una pequeña loma que domina el entorno inmediato. Desde fuera se percibe como un caserío compacto, rodeado de encinas y tierras de labor. En el centro del pueblo se encuentra la iglesia de la Asunción, levantada en el siglo XVI y modificada en épocas posteriores. No es un edificio monumental, pero sí el punto que ordena el casco antiguo. Su torre sigue siendo una referencia visible desde distintos caminos de acceso.
La iglesia y el centro del pueblo
La iglesia de la Asunción concentra buena parte de la vida pública. Al rodearla se aprecian distintas fases de obra en los muros y en la fachada, algo habitual en templos que han ido adaptándose a lo largo de los siglos. Como ocurre en muchos pueblos de la Baja Extremadura, el entorno de la iglesia coincide con las calles más antiguas.
Desde ahí salen vías estrechas donde todavía se ven portadas de piedra, rejas de hierro y patios interiores. Algunas casas conservan elementos que recuerdan su uso agrícola: antiguas cuadras, almacenes o corrales que en su día estuvieron vinculados al trabajo con animales o a las campañas del olivar.
Calles cortas y un casco urbano compacto
La Parra se recorre andando sin dificultad. No es un pueblo grande y el trazado es bastante concentrado. En pocos minutos se pasa del centro a los bordes del casco urbano, donde empiezan los caminos agrícolas.
A medida que uno se aleja de la iglesia, aparecen zonas donde las viviendas son más recientes, aunque el conjunto mantiene la arquitectura popular típica de esta parte de Extremadura: fachadas encaladas, rejas oscuras y tejados de teja curva.
El paisaje de dehesa alrededor del pueblo
Fuera del núcleo urbano empieza el paisaje que realmente define la zona. Las dehesas se extienden alrededor de La Parra con encinas y alcornoques dispersos, separados por cercas de piedra o alambradas que delimitan fincas ganaderas.
En estas tierras se crían vacas, ovejas y cerdos ibéricos. En otoño e invierno es habitual ver a estos últimos aprovechando la bellota durante la montanera. No es algo organizado ni pensado para quien viene de fuera: simplemente forma parte del trabajo normal de las explotaciones.
El olivar también tiene peso en el término municipal. Durante la campaña de recogida de la aceituna el movimiento en los caminos aumenta y es fácil cruzarse con remolques y cuadrillas trabajando entre los árboles.
Caminos rurales y observación tranquila del entorno
Alrededor del pueblo salen caminos sencillos que atraviesan olivares y zonas de pasto. Muchos son vías agrícolas utilizadas a diario por los vecinos, pero también sirven para caminar con calma por el entorno inmediato.
Quien tenga algo de paciencia puede fijarse en la fauna habitual de estas dehesas: cigüeñas en los postes o en los tejados, aves rapaces sobrevolando los claros y pequeños pájaros moviéndose entre las encinas. No hace falta recorrer grandes distancias; a menudo basta con detenerse y observar.
Comida y calendario del pueblo
La cocina local sigue muy vinculada a lo que produce el territorio. El cerdo ibérico aparece en buena parte de los embutidos y platos tradicionales, y también en recetas sencillas como las migas. En la mesa son comunes los potajes y guisos contundentes, propios de una zona donde el trabajo agrícola ha sido intenso durante generaciones.
El calendario festivo combina celebraciones religiosas con las reuniones de quienes regresan al pueblo en verano. Las fiestas patronales suelen celebrarse a finales de agosto, cuando muchas familias que viven fuera vuelven unos días. La Semana Santa mantiene procesiones por las calles del centro y en esas fechas también se preparan dulces tradicionales como flores o pestiños.
Durante el otoño, cuando comienza la campaña de la aceituna, a veces se organizan actividades relacionadas con el aceite y el olivar, aunque no siempre se anuncian con mucha antelación.
Cómo llegar y moverse
La forma más práctica de llegar a La Parra es en coche. Desde Badajoz suele tomarse la A‑66 en dirección a Zafra y, desde allí, carreteras comarcales que atraviesan zonas agrícolas.
Una vez en el pueblo, lo normal es moverse andando por el casco urbano y utilizar el coche solo si se quiere recorrer los caminos y dehesas del término municipal. Aquí las distancias son cortas, pero el campo empieza prácticamente en cuanto terminan las últimas casas.