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sobre Medina de las Torres
Pueblo con rico pasado histórico (Contributa Iulia); destaca por su torre del homenaje y patrimonio religioso
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Medina de las Torres se recorre rápido. Aparcas cerca de la plaza y bajas andando. A media mañana entre semana puede parecer que no hay nadie. Es normal. Con poco más de mil habitantes, el ritmo es otro y muchas persianas se bajan después de comer.
Por la calle Mayor aparece el castillo. La llaman Torre de los Moros. Es una estructura cuadrada, sin tejado, que domina el valle. Se levanta sobre muros muy gastados y da sensación de ser más antigua de lo que dicen los papeles. Se entra por un portón metálico. Dentro hay un patio con hierba y un pozo tapado. No esperes paneles ni barandillas. Si vas con críos, ojo.
Lo que merece la pena
El yacimiento romano está a unos dos kilómetros, en dirección a Almendralejo. Se conoce como Contributa Iulia Ugultunia. Fue una ciudad relevante en la Baeturia romana. Hoy quedan trazas de calles, drenajes y parte del foro.
La visita es libre. No suele haber personal ni taquilla. Lleva agua y gorra: el terreno es abierto y casi no hay sombra. Algunos paneles llevan años a la intemperie y se leen mal, pero el trazado de las calles se entiende y aún se ven mosaicos sencillos, de dibujo geométrico.
En el pequeño museo municipal guardan el llamado Guerrero de Medina de las Torres. Es una figura de bronce de época prerromana encontrada en los años sesenta. Apenas mide unos centímetros y tiene gesto serio. Existe otra pieza muy parecida en Londres. Aquí conservan la que apareció en el término.
Comer y beber
La cocina del pueblo tira de lo que hay en la zona. Calderetas de caza cuando toca temporada, carne de cerdo ibérico y guisos con pimentón y laurel. El pan suele ser de horno tradicional y acompaña bien a mantecas y embutidos.
En invierno todavía se ve la sopa de Carnaval: pan asentado, ajo, pimentón y huevo. Plato sencillo, contundente.
Cuándo ir
Primavera suele ser el mejor momento. La dehesa alrededor del pueblo se pone verde y los caminos están bien para andar. En verano el calor aprieta fuerte y a ciertas horas no apetece moverse mucho.
A principios de otoño hay fiestas ligadas a la Virgen de la Coronada y vuelve gente que vive fuera. El ambiente cambia bastante esos días.
Cómo moverse
Llegas por la A‑66 y luego unos kilómetros de carretera comarcal. Aparcar no suele ser problema. El centro se recorre andando en poco rato.
Si quieres buscar los molinos medievales que quedan junto a la Atarja, mejor coche. Hay bastantes restos repartidos por el campo y no todos están señalizados. Pregunta a algún vecino en la plaza o en el bar; suelen explicar el camino mejor que cualquier mapa.
Consejo final: si llegas y el pueblo parece parado, espera un rato. A última hora de la tarde se anima algo más. Medina de las Torres no vive del turismo. Es un pueblo agrícola con historia romana debajo de la tierra. Si vienes con esa idea, se entiende mejor.