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sobre Zahínos
Pueblo rodeado de dehesas y conocido por su torre defensiva; tradición carbonera y agrícola
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Cuando los inspectores del Catastro de Ensenada pasaron por Zahinos a mediados del siglo XVIII describieron un pequeño núcleo rodeado de dehesa, con las casas encaladas mirando hacia el campo. El dato ayuda a entender el lugar: Zahinos nació y creció ligado a ese paisaje de encinas y alcornoques que ocupa buena parte de la Sierra Suroeste. La población hoy es menor que entonces, pero la relación con la dehesa sigue marcando el ritmo del municipio.
La torre que no fue castillo
Lo primero que suele llamar la atención al acercarse por carretera es el torreón cilíndrico que se levanta sobre el pueblo. A menudo se menciona como castillo, aunque en realidad responde más bien a la tipología de torre del homenaje vinculada a las fortificaciones de finales de la Edad Media en esta zona fronteriza. Probablemente se levantó en el siglo XV, cuando estos territorios necesitaban puntos de vigilancia sobre los caminos y los pastos.
Es una construcción sobria: planta circular, espacio justo para una escalera de caracol y algunas estancias superpuestas. Desde arriba se entiende bien la lógica del territorio. Alrededor del pueblo se extienden dehesas que durante siglos han sostenido la economía local: ganado vacuno, ovejas, cerdos y el aprovechamiento del corcho. La torre tenía sobre todo esa función de control del entorno, más que la de una fortaleza preparada para largos asedios.
El sendero que sube hasta ella salva el pequeño desnivel de la ladera en pocos minutos y permite ver cómo el caserío se adapta al terreno, dejando los llanos más útiles para el ganado.
Un pueblo que actuó como referencia comarcal
A lo largo de la Edad Moderna y buena parte de la contemporánea, Zahinos funcionó como pequeño centro de servicios para los alrededores. La documentación municipal recoge la contratación de un médico a comienzos del siglo XIX, algo que no era habitual en todos los pueblos de la zona en aquel momento. Ese tipo de decisiones explica por qué, en determinados periodos, vecinos de aldeas cercanas acudían aquí para gestiones administrativas o religiosas.
Esa condición de punto de encuentro todavía se percibe en las celebraciones locales. En mayo suele celebrarse la Romería de la Cruz, vinculada a una ermita situada en las afueras. Durante esos días el pueblo recibe a muchas familias que viven fuera y regresan para reunirse. Tradicionalmente también ha habido trato de ganado en el entorno de la ermita, algo muy coherente con la economía ganadera de la comarca.
La dehesa en la mesa
La cocina de Zahinos está muy ligada a lo que se produce alrededor. En la dehesa se crían vacas, corderos y cerdos ibéricos, y de ahí salen muchos de los platos habituales en las casas.
Las migas extremeñas aparecen con frecuencia en reuniones familiares y fiestas, hechas con pan asentado, aceite y los acompañamientos habituales de la matanza. La caldereta de cordero es otro plato muy extendido en la Sierra Suroeste, preparado a fuego lento y con hierbas aromáticas que crecen en el campo.
La matanza doméstica tuvo durante décadas un papel central en la economía familiar. De ahí vienen los embutidos curados en las cámaras altas de las casas, donde el aire frío del invierno ayudaba a conservarlos. Aunque hoy las formas de producción han cambiado, esa relación directa entre campo y cocina sigue muy presente.
Cómo orientarse al llegar
Zahinos se sitúa en el suroeste de la provincia de Badajoz, dentro de la comarca conocida como Sierra Suroeste. La carretera que lo conecta con Jerez de los Caballeros es la principal vía de acceso y atraviesa un paisaje de dehesa bastante continuo.
El pueblo se recorre sin dificultad a pie. La iglesia parroquial de Nuestra Señora conserva elementos barrocos en su interior, fruto de reformas realizadas a lo largo de los siglos. Cerca del centro urbano se encuentra también la llamada Fuente de los Caños, un punto tradicional de abastecimiento de agua que durante mucho tiempo fue lugar cotidiano de lavado y encuentro.
Quien tenga tiempo puede salir a caminar por los caminos que conectan Zahinos con los pueblos vecinos. Muchos siguen recorridos antiguos entre fincas y dehesas y permiten entender mejor el territorio que ha dado forma al pueblo.
En verano, especialmente durante las fiestas que se celebran en agosto, las calles recuperan bastante movimiento. Son días en los que regresan muchos vecinos que viven fuera y el ambiente se alarga hasta bien entrada la noche alrededor de las plazas y las terrazas improvisadas. La torre, iluminada desde la ladera, sigue siendo la referencia visual del pueblo.