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sobre A Lama
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Turismo en A Lama empieza con algo práctico: el coche. El pueblo está a unos 350 metros de altitud y las calles del centro son estrechas. Aparca en la entrada y baja andando. Dentro casi nunca hay sitio. El casco se recorre en veinte minutos. El problema es la vuelta: toca subir hasta donde dejaste el coche.
Lo que hay que ver (y lo que no)
La iglesia de Santa María es la única que suele llevarse la foto. Es del siglo XVI y está hecha con la misma piedra que ves en muchas casas del pueblo. Está en la plaza, junto al ayuntamiento. El resto del casco es lo normal en esta parte de Pontevedra: casas bajas, tejados de pizarra, balcones de hierro. Correcto, sin más.
Lo interesante está fuera. A unos tres kilómetros aparece el cruceiro‑templete del Santo Cristo de Xende. Un cruceiro cubierto con tejado, algo poco común en Galicia. La capilla del Sagrado Corazón, que se suele fechar en la Edad Media, tiene aspecto frágil. El puente de Liñares, sobre el río Xesta, ronda los tres siglos y sigue en uso. El de Anceu, con cinco arcos, conecta con el municipio de Fornelos. Son puentes de piedra que cumplen su función. Nada más.
Playas sin mar
A Lama tiene tres playas fluviales conocidas: Verdugo, Dos Prados y Gaxate. El agua suele estar limpia; no hay industria cerca. En verano aparece bastante gente de Vigo que busca río en vez de costa.
Hay mesas de picnic y bastante sombra de castaños. El problema es otro: los accesos no siempre están bien señalizados. Es fácil pasarse el camino y perder un rato dando vueltas. Cuando llegas, encuentras rocas planas y pozas donde la gente se baña. Buen sitio para pasar el calor si vas con críos. Lleva comida: allí no suele haber nada alrededor.
Montes y mámoas
El monte do Seixo y la Serra do Cando guardan túmulos y algún menhir disperso. No esperes un recorrido señalizado ni paneles explicativos. La mayoría de los lugares los conocen los vecinos.
Si preguntas en el bar de la plaza, lo normal es que te indiquen subir por la pista del cementerio y mirar hacia la derecha. Allí hay una mámoa bastante visible. El resto requiere tiempo y algo de paciencia. No es Stonehenge: son montículos cubiertos de hierba o piedras con musgo entre los castaños.
Cuando venir (y cuando no)
En primavera suele celebrarse la romería del Santo Cristo de Xende. Se canta en gallego, se come en el campo y cada familia lleva sus mesas y sillas. A mediados de agosto, en Cambeses, llega la Festa da Saleta. En septiembre hay movimiento en torno a las Ermidas.
El esquema se repite: misa, procesión y luego comida y bebida. Si buscas algo muy distinto, aquí no lo vas a encontrar.
Cómo llegar y qué llevar
Desde Pontevedra hay unos 24 kilómetros por la PO‑532. La carretera es cómoda casi todo el camino. El último tramo sube con curvas.
Desde Vigo calcula alrededor de tres cuartos de hora en coche. También hay autobuses que conectan con Pontevedra y paran en la plaza del pueblo, aunque conviene revisar horarios antes de ir.
Lleva calzado que no resbale si bajas a las playas fluviales. Y una chaqueta ligera. Aquí la niebla y la lluvia aparecen cuando menos lo esperas.
Consejo final: ven una mañana tranquila de primavera. Acércate al cruceiro de Xende, baja luego al Verdugo a comer algo y vuelve antes de media tarde. A Lama no da para mucho más, y tampoco lo pretende.