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sobre Os Blancos
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En A Limia y a unos 800 metros de altitud, Os Blancos es de esos municipios de interior donde el rural sigue marcando el ritmo. Con poca población y muchas aldeas alrededor, el viaje va de caminar, mirar y charlar, sin prisa.
El paisaje es el de la Galicia interior: colinas suaves, praderas y manchas de roble y castaño. El clima se siente más continental que en la costa: inviernos fríos y veranos llevaderos, con noches frescas.
Qué ver en Os Blancos
El patrimonio aquí es sencillo y pegado a la vida agrícola: casas de piedra, hórreos y alpendres repartidos por los núcleos. La iglesia parroquial concentra buena parte de la vida del municipio, y en los caminos aparecen capillas pequeñas y cruceiros que ayudan a entender la devoción popular.
Si te apetece más naturaleza que piedra, lo mejor suele estar en los alrededores: bosques de robles y castaños que en otoño cambian el paisaje, y un mosaico de prados y tierras de labor agradecido para pasear y hacer fotos.
Qué hacer
Lo más sensato es calzarse y tirar por pistas y caminos entre aldeas: recorridos tranquilos, con arroyos y sombras de frondosas. En otoño, la micología tiene tradición en la comarca; conviene ir con conocimiento y respeto.
En la mesa manda A Limia: ternera, patata de la zona, empanadas, caldo y cocidos. La castaña también aparece a menudo, asada o en postres.
Errores típicos
- Ir con la idea de “verlo todo”: aquí el plan funciona mejor si es lento y con margen para desviarse.
- Meter el coche por pistas estrechas sin mirar: algunos caminos se cierran y las maniobras son incómodas; mejor dejarlo en el núcleo y seguir a pie.
- Salir a caminar en invierno sin abrigo extra: a última hora baja la temperatura rápido.