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sobre Os Blancos
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Turismo en Os Blancos es sencillo: aparcas, das una vuelta por el núcleo y en menos de una hora ya sabes dónde estás. Pueblo pequeño de A Limia, con unos 696 vecinos repartidos en varias parroquias y casas de piedra bastante expuestas al viento. No hay mucho movimiento. Si buscas silencio, aquí lo tienes.
Primero lo práctico
Aparca en la parte baja del núcleo y sube andando. Las calles son estrechas y algunas cuestas no compensan meter el coche.
Conviene llegar con algo de previsión. En el pueblo los servicios son muy básicos y los horarios cambian según el día o la época del año. Si necesitas cajero, farmacia grande o repostar, es más seguro hacerlo antes en alguna localidad mayor de la zona.
En otoño e invierno la niebla aparece a menudo en esta parte de A Limia. No siempre dura todo el día, pero cuando se queda el paisaje se vuelve bastante cerrado.
Lo que hay que ver (y lo que no)
La iglesia de San Breixo de Covas está bien conservada. Es del siglo XVIII y mantiene una fachada de piedra bastante sobria. Al atardecer la luz le sienta bien, pero la visita es rápida.
La de Santa María de Covelas tiene origen románico, aunque fue muy modificada siglos después. El arco de medio punto de la entrada es lo más claro que queda de esa etapa.
En el centro del pueblo está el cruceiro de San Xoán, rodeado de casas de pizarra. Se ve en un momento. No hace falta más.
A las afueras está el yacimiento paleocristiano de Ouvigo. Se descubrió en los años setenta y corresponde a un pequeño santuario de época tardorromana. Hoy quedan marcas en el suelo que dibujan la planta original y algún panel explicativo. Si esperas un sitio muy preparado para visitas, se queda corto. Si te interesa el lugar por lo que representa históricamente, tiene sentido acercarse.
Las rutas que merecen la pena
La ruta de O Foxo do Lobo – Penedo das Fatigas es la más conocida por aquí. Recorre monte compartido con municipios vecinos y atraviesa zonas de robles y castaños antes de llegar a los penedos. Son formaciones de roca bastante curiosas, grandes bloques apoyados de formas que parecen poco estables.
La ruta Cebreiro – Raíña Loba es mucho más larga y exigente. Cruza montes cercanos a la frontera con Portugal y acumula bastante desnivel. Los Penedos da Raíña Loba superan los mil metros de altitud. El nombre viene de una leyenda local sobre una mujer convertida en loba que dominaba estos montes. Hoy lo que hay es ganado suelto, viento y pistas forestales largas.
Comer y dormir
La oferta es mínima. En el pueblo suele haber algún bar donde comer algo sencillo, pero no conviene contar con mucha variedad ni con horarios amplios.
En las casas de la zona todavía se cocina el cullín de patacas, un guiso contundente de patatas con chorizo que aparece sobre todo en fiestas o reuniones familiares. No es algo que vayas a encontrar fácilmente si vienes de paso.
Para dormir hay algunas casas rurales repartidas por el municipio y alrededores. No muchas.
Cuándo ir (y cuándo no)
El otoño suele ser buena época para caminar por los montes de la zona. Los castaños cambian de color y los caminos están más tranquilos.
En invierno el frío aprieta y el barro complica algunas rutas. En verano el paisaje está más seco y el pueblo se queda bastante tranquilo entre semana.
El consejo de Marcos
No vengas esperando un pueblo lleno de cosas que ver. Aquí se viene a caminar un rato y a estar tranquilo.
Si tienes poco tiempo, haz la vuelta por el núcleo y acércate al Penedo das Fatigas. Trae agua, algo de comida y calzado decente.
Y calcula la hora de vuelta. Cuando cae la noche en estos montes, se nota. No hay mucha luz y las carreteras son estrechas.