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sobre Mondoñedo
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El casco antiguo de Mondoñedo gira en torno a su plaza mayor, un trazado que no es casual. El valle es estrecho y húmedo, cerrado por montes bajos, y la ciudad creció aquí por una razón concreta: durante siglos fue sede episcopal y centro administrativo de buena parte del norte de Galicia.
A diferencia de otras villas de la costa de A Mariña, Mondoñedo tiene un aire marcadamente eclesiástico. El obispado se asentó aquí de forma definitiva en la Edad Media, tras pasar por otros lugares de la comarca. Esa presencia prolongada dejó no solo edificios, sino una cultura urbana poco común en poblaciones de este tamaño.
La catedral en la plaza
La Basílica de la Asunción domina la plaza principal de una forma particular: su fachada está casi al nivel del suelo, sin la gran escalinata habitual. Esa disposición es la que originó el apodo local de “catedral arrodillada”.
La construcción comenzó en el siglo XIII, pero un incendio en época moderna obligó a rehacer buena parte del interior, de ahí la mezcla de estilos. El retablo mayor es posterior, mientras que en las bóvedas del crucero se mantienen formas góticas. El claustro, más sobrio, conserva elementos de fases anteriores.
Conviene fijarse en la portada occidental. No es un programa escultórico monumental, pero sus tallas algo irregulares delatan el trabajo de canteros locales. Las cabezas humanas en algunos capiteles no representan necesariamente santos; a menudo son rostros genéricos, casi caricaturas, una forma medieval de llenar espacios y dejar firma.
Trazas de una capital antigua
Durante la Edad Moderna, Mondoñedo fue considerada una de las ciudades principales del antiguo Reino de Galicia. Esa condición explica el tamaño de su catedral y la presencia de casas señoriales y edificios vinculados a la administración eclesiástica.
El casco antiguo se recorre a pie sin dificultad. Calles como la Rúa da Trinidade, la del Hospital o la del Vilar mantienen el trazado antiguo y algunas fachadas de los siglos XVI al XVIII. En la plaza del Concello está el antiguo palacio episcopal, hoy dedicado a usos culturales, frente a la torre del reloj, uno de los puntos más reconocibles.
No hace falta buscar grandes monumentos para entender su peso histórico; basta con ver la densidad de edificios notables concentrados en unas pocas calles.
La tarta y su contexto
Entre las especialidades locales, la tarta de Mondoñedo ocupa un lugar propio. Es un dulce de base simple —almendra, huevo y azúcar— que se prepara desde hace generaciones. Suele llevar frutas confitadas en el interior y se hornea en moldes metálicos bajos.
La receta forma parte de la identidad de la ciudad. En la feria de San Lucas, que se celebra tradicionalmente en otoño y tiene origen medieval, es habitual encontrarla en los puestos junto a otros productos de la comarca.
La Cova do Rei Cintolo
A pocos kilómetros del núcleo urbano está la Cova do Rei Cintolo, el sistema kárstico más conocido de Galicia. La cavidad tiene varios kilómetros de galerías, aunque las visitas se limitan a una parte concreta y se realizan con guía.
El interior es húmedo y fresco incluso en verano. Estalactitas, coladas calcáreas y salas amplias aparecen a medida que se avanza, en una cueva formada por la acción del agua sobre la roca caliza durante miles de años. El entorno exterior pertenece ya a los paisajes del Xistral, dominados por prados y brezales.
Paseos desde el centro
Mondoñedo se presta más a caminar que a recorrer en coche. Desde el propio centro salen varios senderos cortos que siguen regatos, antiguos caminos y zonas de bosque atlántico. Robles, castaños y helechos grandes aparecen enseguida al alejarse unas calles.
En el cementerio municipal está enterrado Álvaro Cunqueiro, uno de los escritores gallegos más vinculados a la ciudad. Su tumba es sencilla y suele tener flores dejadas por lectores. No está apartada ni señalizada con exceso; hay que buscarla con calma, como casi todo aquí.