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sobre Ribadeo
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Llegué a mediodía y el aparcamiento de la Atalaya estaba lleno. Tenía que ser un sábado de agosto y yo con el depósito en reserva. Di una vuelta, otra, y al final encontré zona azul junto al mercado. Bienvenido a Ribadeo.
El pueblo que no es ni Galicia ni Asturias
Ribadeo vive pegado a la ría del Eo, justo en la frontera con Asturias. Eso se nota en el habla, en la comida y en la mezcla de casas. No es raro escuchar gallego con acento asturiano en la misma conversación.
Bajas por la cuesta del Ferrol y aparece una plaza que recuerda más a una villa castellana que a un puerto gallego. Alrededor hay varias casas de indianos levantadas por emigrantes que volvieron de América. Algunas están muy cuidadas. Otras piden arreglo.
El casco viejo se recorre rápido. La iglesia de Santa María del Campo tiene un pórtico gótico que se mira un momento y listo. El convento de Santa Clara queda de paso y suele acabar en una foto rápida. De la muralla medieval quedan restos sueltos en una calle. Poco más.
El muelle funciona mejor que cualquier monumento. Hay gente paseando, chavales pescando con cañas baratas y ese olor a sal que sube con la marea.
As Catedrales o cómo perderse en la playa
Muchos llegan a Ribadeo por la playa de As Catedrales. En verano suelen pedir reserva para bajar al arenal y controlar la cantidad de gente.
Conviene mirar la marea antes de ir. Con el agua baja se camina entre los arcos de roca. Son grandes, eso es cierto. Aun así, cuando el arenal se llena de gente haciendo fotos, la escala cambia bastante.
El agua sigue fría incluso en agosto. Y cuando la marea empieza a subir, los vigilantes avisan para que la gente salga de la playa.
Si puedes elegir fecha, septiembre suele ser más llevadero. Hay menos tráfico en los accesos y el paseo por la arena se hace con más espacio.
Comer sin comerse un bolo
El pulpo aquí no sale igual que en el interior de Galicia. Suele estar más cocido y lo sirven de otra manera. Está bien, pero no es lo mismo que en las zonas pulpeiras del interior.
Lo que funciona es acercarse al mercado por la mañana. A veces hay marisco recién descargado y la gente del pueblo lo compra allí mismo.
El pote ribadense es comida sencilla: patata, berza y unto. Plato contundente y bastante común por la zona. El bollo de San Xoán aparece cuando llega junio. Si visitas el pueblo en otra época, no lo vas a ver.
La ruta que casi nadie hace
Muchos coches salen directos hacia As Catedrales. Bastantes menos se acercan al Faro de Pancha.
Desde el puerto hay unos tres kilómetros. El camino está señalizado y alterna asfalto con tramos de roca. Conviene llevar calzado normal de caminar.
Desde el faro se abre la ría del Eo entera. A un lado queda Galicia. Al otro, Asturias. El río en medio y el puente al fondo.
Si aún te queda tarde, baja después hacia el Cargadoiro. Es una antigua estructura de carga de mineral que entra en la ría como un muelle estrecho. Hierro oxidado, vigas viejas y bastantes grafitis. A los que hacen fotos les gusta.
Cómo moverse sin perder tiempo
A primera hora suele haber sitio en el puerto deportivo para dejar el coche. Más tarde cuesta bastante encontrar hueco cerca del centro.
La autovía que pasa por la costa conecta bien con Asturias y con el resto de A Mariña, aunque en la carretera nacional hay controles de velocidad con frecuencia.
El ascensor panorámico que sube hacia la Atalaya a veces está parado. Si no funciona, la subida andando son pocos minutos.
Cuando llueve —cosa bastante habitual aquí— la playa deja de tener sentido. En esos días lo más práctico es pasear por el puerto, cruzar el puente hacia Asturias o seguir la costa hacia otros pueblos.
Ribadeo se ve en un día sin problema. Paseas por el centro, miras la ría, te acercas a la costa y sigues ruta. Funciona bien como parada entre Galicia y Asturias. No hace falta más.