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sobre A Bola
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A Bola, en el interior de Ourense, se recorre despacio. Con unos 1.200 habitantes y aldeas muy dispersas, conserva esa Galicia rural de granito, huertas, bosques y caminos tranquilos. El paisaje alterna castaños y robles, prados y pequeñas vaguadas por donde baja el agua. Aquí lo normal es caminar un rato, parar a mirar y volver con la cabeza más despejada.
Por cercanía, encaja bien en una ruta por la zona de Celanova: A Bola funciona como pausa entre paradas más monumentales, cuando apetece campo y silencio.
Qué ver
- Arquitectura de aldea: hórreos de granito, cruceiros en encrucijadas y fuentes tradicionales. Lo mejor es fijarse en los detalles y en cómo todo se integra en el paisaje.
- Iglesias y capillas parroquiales: templos sobrios, de piedra, con reformas de distintas épocas que se notan en remates y añadidos.
- Bosques y caminos rurales: en otoño ganan por color y luz; tras lluvia, los regatos se hacen notar.
Qué hacer
- Paseos a pie entre aldeas por pistas y caminos locales (calzado que aguante barro si el tiempo viene húmedo).
- Micología en temporada: si vas a recoger setas, mejor con conocimiento o acompañado.
- Cocina de interior: platos de pota, carnes y producto de temporada; se come recio y sencillo.
Mejor época
- Otoño: bosques más vistosos y ambiente de paseo tranquilo.
- Tras varios días de lluvia: el barro complica algunos caminos; conviene ir con margen y no apurar con el coche por pistas.
- Verano: días largos para caminar, aunque a mediodía conviene buscar sombra.
Errores típicos
- Salir “a ver qué sale” sin una mínima ruta: las aldeas están separadas y no todo queda a mano.
- Ir con calzado ligero: después de llover, el barro aparece en pistas y atajos.
- Aparcar en accesos estrechos: deja el coche sin bloquear entradas de fincas ni pasos de tractores.