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sobre Vilar de Barrio
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En el interior de Ourense, dentro de la comarca de Allariz-Maceda, Vilar de Barrio conserva el pulso pausado del rural gallego: aldeas dispersas, prados y huertas, y mucho granito en muros, escaleras y cierres. Aquí el tiempo cambia con rapidez; tras una lluvia corta el paisaje se vuelve aún más verde y, en las zonas frescas, aparecen robles y castaños.
Qué ver
El patrimonio es cercano y de escala doméstica. Lo más agradecido es ir parando en las aldeas: iglesias parroquiales, casas de piedra con corredor, hórreos, fuentes y lavaderos que siguen marcando puntos de encuentro. Si te interesa la etnografía, asómate también a los regatos: a veces quedan restos de molinos de agua (no siempre en buen estado), que ayudan a leer cómo se organizaba el trabajo y el territorio.
Qué hacer
Caminar es lo que mejor encaja aquí. Los caminos rurales que enlazan aldeas dibujan un mosaico de prados y monte, cruzan arroyos y dejan buenas panorámicas al caer la tarde. Con calma también se presta a la observación de aves y a la fotografía, especialmente en días claros o después de llover.
En la mesa manda el producto de cercanía: ternera, patatas, hortaliza y cocina de cuchara cuando refresca.
Fiestas y tradiciones
Las celebraciones suelen organizarse por parroquias y se concentran en verano, con actos religiosos y verbena. En invierno, la matanza del cerdo pervive en algunas casas, aunque menos que antes.
Mejor época
De primavera a otoño se camina más a gusto y los días dan más margen. El otoño merece la visita por el color del castañar. Si buscas silencio, evita los fines de semana de verano que coincidan con fiestas parroquiales, cuando hay más movimiento.
Si solo tienes 2 horas
Da un paseo corto por un par de aldeas cercanas entre sí: fíjate en los hórreos, los corredores de las casas y algún lavadero o fuente. Si encuentras un camino hacia un regato, acércate a ver restos de molinos y vuelve por otra pista para llevarte una panorámica final.
Información práctica
Se llega desde Ourense por la N-525 y después por carreteras comarcales. Conviene venir con vehículo: las aldeas están dispersas y el transporte público es limitado. Calzado cómodo y una capa extra, incluso en días que parecen estables.