Artículo completo
sobre Xunqueira de Ambía
Ocultar artículo Leer artículo completo
En Xunqueira de Ambía lo primero es resolver el coche. La carretera acaba en una glorieta y a partir de ahí casi todo se hace andando. Si aparcas arriba, cerca de la salida del pueblo, luego te ahorras la cuesta de vuelta. A media mañana suele haber sitio. Después depende del día y de si hay gente de paso por el Camino.
Bajas hacia el río Arnoia por la calle principal. A esa hora muchas persianas siguen cerradas. Es un pueblo pequeño y el ritmo es el que es.
La iglesia que se comió el pueblo
La Colegiata de Santa María manda en todo el casco. La ves desde cualquier esquina. El resto son casas bajas y algunas llevan tiempo cerradas.
La torre, de ladrillo rojizo, sobresale en medio del valle. Dentro hay un órgano barroco que todavía se usa en algunos conciertos, normalmente en verano cuando el pueblo se llena algo más.
La entrada suele ser libre, pero no siempre está abierta. A veces hay que preguntar en la casa de al lado para que abran. Si no aparece nadie, toca esperar o seguir la visita.
El claustro es lo que merece más la pena. Piedra desnuda, columnas algo torcidas y bastante silencio. Huele a humedad, como casi todo en esta parte de Galicia.
El río que no se baña
El Arnoia pasa por la parte baja. Hay un panel que anuncia una senda fluvial de unos dos kilómetros. El cartel está bastante gastado y el sendero no está muy cuidado.
Sirve para caminar un rato. Poco más.
En verano el agua baja tranquila y algo verdosa. En invierno cambia el tono y el río ocupa más espacio. La gente del pueblo baja a pasear o a sacar el perro.
Por aquí también pasan peregrinos que siguen hacia Ourense. Muchos paran unos minutos en el puente, se quitan la mochila y siguen.
El castro que casi nadie pisa
A algo más de un kilómetro está el Castro de Avea. Se llega por una pista de tierra después de dejar el coche en un lateral de la carretera.
No hay demasiadas indicaciones. Arriba queda un cerro con buenas vistas del valle. Se conservan algunos restos de muralla entre el matorral.
Si te interesa la historia antigua, vale la pena subir. Si esperas paneles o explicaciones, no los vas a encontrar.
Comer aquí
La oferta es corta. Hay un par de bares alrededor de la plaza y poco más. Algunos días abren desde la mañana; otros depende del movimiento que haya.
Lo normal es algo rápido: bocadillo, tortilla o plato del día cuando toca. Si buscas más variedad, en los pueblos cercanos hay más opciones.
En el pueblo todavía se preparan las cañas rellenas en ciertas fechas del calendario local. Son dulces de horno, pequeños, rellenos de crema.
Cuándo venir
En verano el ambiente cambia. Coinciden las fiestas de la colegiata y vuelven muchos vecinos que viven fuera. La plaza se llena y el pueblo parece otro durante unos días.
También hay una romería en septiembre que mueve gente de los alrededores. El resto del año Xunqueira de Ambía vuelve a su ritmo tranquilo.
Se ve en una tarde. Baja a la colegiata, da una vuelta por el río y, si te apetece caminar, sube al castro. Si luego te queda tiempo, Allariz está a un cuarto de hora en coche y tiene más movimiento. Aquí, al caer la tarde, casi todo cierra pronto. Y las cuestas siguen donde estaban.