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sobre Touro
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El turismo en Touro es un poco como cuando quedas con ese amigo que casi nunca propone plan, pero cuando lo hace siempre acaba saliendo bien. No es un sitio del que oigas hablar mucho, ni sale constantemente en las listas de “escapadas”. Pero llegas, empiezas a moverte por las aldeas y te das cuenta de que aquí hay más historia y más vida rural de la que parece a primera vista.
El pueblo que ha cambiado de capital municipal
Hay una curiosidad que suele sorprender cuando hablas con la gente de aquí: la capital municipal no siempre estuvo donde está ahora. Durante un tiempo estuvo en Soutullo y más tarde pasó a Fonte Díaz. No es que el ayuntamiento haya ido mudándose cada dos por tres, pero sí refleja algo bastante típico en Galicia: el peso de las parroquias y de las aldeas repartidas por el territorio.
Touro se organiza en 19 parroquias. Dicho así parece una barbaridad, pero cuando conduces por la zona lo entiendes enseguida. No hay un único núcleo grande que lo concentre todo. Son aldeas, casas dispersas, pequeños lugares que funcionan casi como mundos propios.
Por eso cuando alguien de aquí dice “soy de Touro”, muchas veces en realidad está pensando en su parroquia concreta.
Pazo-hunting: casas grandes que cuentan la historia del lugar
Otra cosa que aparece una y otra vez cuando recorres el municipio son los pazos y casas grandes. No están todos abiertos ni preparados para visitas, pero forman parte del paisaje.
Por ejemplo, el Pazo de Dioño o el de Lobagueiras suelen mencionarse cuando se habla del patrimonio de la zona. Son de esas construcciones que recuerdan cómo funcionaba el campo gallego hace siglos: grandes casas familiares, tierras alrededor, hórreos y dependencias agrícolas.
Luego está la Casa Grande de Andeade, que tradicionalmente se cita como una de las residencias señoriales importantes del municipio. Con capilla propia y varias estancias, da una idea bastante clara del tipo de arquitectura rural acomodada que se desarrolló en esta parte de Galicia.
No es un recorrido monumental como el de una ciudad histórica, pero si te fijas en estas casas empiezas a leer la historia del lugar entre muros de piedra.
El río Ulla y los puentes
El río Ulla marca buena parte del carácter del territorio. Aquí no lo ves como un gran espectáculo natural, sino como algo integrado en el paisaje cotidiano: agua que atraviesa valles, pequeñas carreteras que lo cruzan y zonas donde la vegetación se vuelve más espesa.
Entre los pasos tradicionales aparecen puentes como el de Basebe o el de Remesquide. Son estructuras de piedra sencillas, de las que llevan siglos cumpliendo su función: comunicar una orilla con la otra. No hay grandes miradores ni pasarelas modernas; son puentes de los de toda la vida.
Aun así, cuando paras un momento y miras el río correr, entiendes por qué estos puntos siempre acabaron siendo lugares de paso importantes.
Una historia ligada al Camino de Santiago
Touro también aparece mencionado en el Códice Calixtino, un texto del siglo XII muy ligado a la tradición del Camino de Santiago. Según esa tradición, el nombre del lugar tendría relación con los bueyes que transportaban el cuerpo del Apóstol Santiago.
Como pasa con muchas historias medievales, hay mezcla de relato religioso, tradición oral y algo de leyenda. Pero demuestra que esta zona ya estaba dentro del mapa cultural del noroeste peninsular hace muchos siglos.
El ambiente que vas a encontrar
Si vienes esperando un centro histórico lleno de tiendas o calles pensadas para el turismo, aquí no lo vas a encontrar. Touro sigue siendo un municipio muy rural.
Lo normal es encontrarte carreteras estrechas entre prados, casas de piedra, alguna explotación ganadera y vecinos que se conocen por el nombre. En invierno o en las mañanas húmedas, la niebla aparece con bastante facilidad y el paisaje cambia completamente.
Es un ambiente tranquilo, de los que se entienden mejor cuando bajas del coche, caminas un poco y escuchas lo que pasa alrededor: un tractor a lo lejos, perros ladrando en alguna finca, el sonido del río en las zonas más bajas.
Mi consejo de amigo
Si decides acercarte a Touro, no lo plantees como una visita rápida a “un pueblo”. Funciona mejor como zona para moverse sin prisa por varias parroquias, parar en algún cruce, mirar el mapa y escoger carretera.
En coche se recorre en poco tiempo, pero lo interesante está en desviarse: una iglesia románica aquí, un puente más allá, una aldea donde parece que el reloj va más despacio.
No es el tipo de sitio que te abruma con cosas que hacer. Es más bien de esos lugares donde te das cuenta de cómo es la vida rural en esta parte de Galicia cuando nadie está intentando convertirla en espectáculo. Y eso, a veces, vale más que cualquier monumento.