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sobre Negreira
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En la comarca de A Barcala, entre valles y colinas suaves, Negreira (unos 7.000 habitantes) es una villa coruñesa muy ligada al Camino de Santiago: por aquí pasan muchos peregrinos que continúan hacia Fisterra y Muxía. Aun así, merece una parada por su patrimonio y por el paisaje sereno de la Galicia interior.
Qué ver en Negreira
El Pazo do Cotón es la silueta más reconocible del casco urbano: un conjunto señorial del siglo XVII con torre, visible desde el exterior (es de propiedad privada y no suele admitir visitas).
La iglesia parroquial de San Xulián concentra buena parte de la vida local. A su alrededor, el centro conserva casas tradicionales de piedra y galerías, en un paseo corto y sin complicaciones.
En el trazado del Camino hacia la Costa da Morte aparece la Capela da Virxe do Carme, referencia habitual para quienes siguen ruta.
Para estirar las piernas, el entorno del río Barcala y sus bosques de ribera regala paseos breves con ambiente húmedo y verde, con algún muíño (molino) tradicional a la vista.
Qué hacer
- Caminar un tramo del Camino a Fisterra y Muxía, aunque sea a modo de paseo, para entender el ritmo del lugar.
- Recorrer aldeas cercanas como Chancela o Agrón, entre hórreos, cruceiros y casas de piedra.
- Asomarse al mercado (suele ser los domingos por la mañana) para comprar producto local: pan, quesos, miel y embutidos.
- En otoño, si te interesa la micología, hay bosque; mejor ir con conocimiento o acompañado.
Fiestas y tradiciones
- San Xulián (enero).
- Fiestas principales en agosto, con ambiente de verano.
- Virxe do Carme (mediados de julio), con romería y procesión.
Si solo tienes 2 horas
- Paseo por el centro y foto del Pazo do Cotón desde fuera.
- Iglesia de San Xulián y vuelta por las calles próximas.
- Remate junto al río Barcala para caminar un tramo corto entre arbolado.
Errores típicos
- Ir en domingo buscando calma y encontrarte con más movimiento por el mercado.
- Salir sin chubasquero: aquí la lluvia aparece sin avisar.
- Empezar el Camino con calzado poco probado: el terreno húmedo pasa factura.